Perspectivas en el largo plazo

Cuando países de bajo niveles de P.B.I., como es el caso de China, en transición a economías de mercado, se están beneficiado con importantes crecimientos, lo razonable es prever el fortalecimiento del comercio internacional de granos y subproductos.

Las modificaciones en los estándares de vida de naciones como las del sudeste asiático y China, están permitiendo una sustitución del arroz como principal alimento por el pan.

Este último, el país más poblado del planeta, constituye un caso que expone con toda evidencia la dinámica surgida con la caída de la cortina de hierro.

Al observar el comportamiento del consumo total de trigo se advierte el crecimiento ininterrumpido a un ritmo de aproximadamente 2-3 % anual, llegando a un máximo de 562 millones de toneladas en 1992/93.

A partir de esa fecha, la menor utilización para forraje - principalmente registrada en Rusia- ha permitido una suave disminución.

Ella no debe llevar a una apreciación equívoca pues, en rigor, la tasa de crecimiento del consumo humano no ha dejado de superar a la de aumento de la población.

La apertura de la economía ha logrado una tasa media de crecimiento del P.B.I. cercana al 13% anual cuando en la década del 70 sólo llegaba a un promedio de 5,5% anual.

De esta manera se explica cómo China ha pasado de ser un exportador neto de cereales, con ventas cercanas a 8 millones de toneladas en 1993, a importar cerca de 16 millones de toneladas a partir de 1995. Hoy es el primer importador mundial con aproximadamente el 13 % de las compras, seguido por Brasil, Egipto y Japón.

El lado oscura de esta visión ciertamente optimista viene de la mano de las políticas proteccionistas aplicadas en la U.E. y en EE.UU. Particularmente este último ha virado desde una estrategia de promoción de la soja a una de expansión del trigo, en una suerte de batalla frontal con la U.E. para lograr la primacía del comercio internacional.

El nuevo milenio encuentra a la Argentina muy bien ubicada. Una gran potencialidad en producción y en calidad constituyen sus rasgos más característicos.

Claro que la dirigencia política actual no entiende lo que es una visión estratégica y ahogada por los problemas de coyuntura toma acciones incoherentes y contradictorias, por lo que pareciera que los resultados en esta campaña no acompañarán a los de los últimos años.

Por ello, el peligro más claro proviene de la política oficial y de su actitud de desesperación para hacerse de recursos. Y es ésta la cuestión más difícil de prever.

Necesidad de que el gobierno entienda una política de Estado

Es necesario acentuar los esfuerzos realizados en la década del 80 que han permitido pasar la barrera de los 20 QQ/Ha.

Para lo cual será imprescindible aumentar el uso de fertilizantes. Si bien se ha pasado de un área fertilizada cercana al 25% en 1991 a casi 64% en 1996, resta aún mucho por hacer para lograr niveles semejantes a los de los demás exportadores.

Urge, profundizar el camino emprendido en la década pasada respecto a la calidad. El Programa de Mejoramiento de la Calidad del Trigo Argentino ha permitido cierto progreso. Pero no puede hablarse de una meta razonable; hay que focalizar la atención en la tipificación varietal promoviendo una suerte de cultura de la calidad con orientación al mercado de consumo.

Claro está que una estrategia de calidad exige toda una verdadera reforma en la estructura de acopio.

La Argentina no puede darse el lujo de ser únicamente una vendedora, ella debe comercializar según los parámetros que la demanda internacional requiera.

En todo esto, es el marketing el que juega el papel central. Nuestro país ha olvidado aquello de que no solo hay que ser sino parecer. Para crecer es imprescindible pasar el umbral del mostrador de ventas y avanzar hacia el mercado de acuerdo a una elaborada estrategia de marketing.

¿Cuál es el problema del trigo en nuestro país?

En nuestro país, la demanda de trigo, frente a un importante aumento cambio en el precio, se altera muy poco.

Si el precio sube, la demanda no baja proporcionalmente y viceversa.

Esta ineslasticidad en la demanda se debe a que el trigo no tiene buenos sustitutos y a que los consumidores destinan una porción baja del ingreso a su consumo.

Esta rigidez es la que ha creado un sistema de producción dirigido prioritariamente al mercado interno para, después, destinar los saldos a la exportación.

Por ello la estructura de producción argentina no tiene vocación exportadora. La exportación no es un fin sino que representa una válvula de compensación.

El consumo está representando por la industrialización que, a su vez, registra un crecimiento moderado y estable a través del tiempo, independientemente de las variaciones de la oferta, provocadas por las grandes modificaciones en la producción.

Esto explica por qué siempre la variable de ajuste ha sido la exportación.

Sin embargo algunas cosas están cambiando, a partir del salto productivo registrado en los últimos años, porque cada vez se alcanza un volumen más alto como saldo exportable.

En el último quinquenio, la Argentina ha aumentado su producción. Ello hizo que su capacidad de exportación, prácticamente, se duplique, al punto de pasar de tener el 5% casi el 10% del total de las exportaciones en el mundo.

Su crecimiento en la participación internacional es muy relevante en el mundo.

Poco se dice de esta posición que ha logrado el sector triguero. Es más el mismo sector no ha sabido "venderse" políticamente y por ello su capacidad de presión es baja en relación a su importancia en el PBI y en las exportaciones.

En ningún otro país, ni aún en grandes colosos como EE.UU., Canadá, Australia y la U.E., se registra un crecimiento tan acentuado. El problema es que junto a tal crecimiento fueron acentuándose los dos grandes problemas de su sistema productivo.

Uno es la alta concentración de venta que se observa en los primeros meses de cada año. Al no disponer de un sistema financiero y comercial y una adecuada infraestructura, en tan sólo tres meses, el 60% de la producción suele ser vendida.

En rigor para gran parte de los productores constituye una alternativa de financiación para la campaña. De esta forma, la exportación, en la medida que hay mayores volúmenes cosechados, se ve compelida a colocar los saldos rápidamente.

Ello actúa como factor bajista en los precios. Según la observación de los últimos años, en diciembre su valor se ubica un 13% por debajo del promedio anual y a partir de allí levanta su nivel hasta lograr en julio su pico más alto (8% encima del promedio anual).

Este año es una excepción dado los problemas que presenta el mercado cambiario. Por ello el ritmo de ventas ha sido menor.

Ningún país importante tiene las variaciones cíclicas de precios propias del nuestro. Justamente por las carencias mencionadas, el precio del trigo tiene en promedio una oscilación anual del 21% mientras que EE.UU. sólo es de 7%.

El segundo problema es el de la calidad del cereal y dentro de este rubro el aspecto más preocupante es su escaso nivel de especificidad.

Como se sabe la producción se concentró en un solo tipo esto es el llamado Trigo Pan y, si bien se han realizados algunos esfuerzos para diferenciar el producto, la realidad es que no hay volumen ni suficiente diferenciación como para apuntar mercados más selectivos.

La cuestión central en el comercio hacia el exterior es que junto con el aumento de la producción no fue dándose una política de marketing que apunte a producir lo que el cliente externo realmente quiere.

Mientras lo países nombrados, poseen una amplia diferenciación a través múltiples segregaciones, el nuestro cuenta con una escasa categorización. Así los clientes compran un cereal con características en las que no están interesados o que le faltan y, consecuentemente, castigándole a través del precio.

Desde el nacimiento del Mercosur, Brasil fue constituyéndose en el principal comprador, incrementando su participación relativa.

Al comparar el último quinquenio de la década del 80 con el de la del 90, se advierte claramente lo expresado. Mientras en el primero, el 23% del total exportado se dirigió a ese país, en el segundo, cerca del 50% lo hizo hacia ese destino. Brasil es el mayor importador de trigo en el mundo y alrededor del 90% procede de nuestro país. Se estima que para la nueva campaña comprará casi 8 millones de toneladas.

La ventaja comparativa de nuestro país en ese mercado es la distancia y el beneficio de estar exceptuado del arancel externo común. Pero la segunda ventaja tiene sus riesgos.

A esta cuestión política ahora parece agregarse el problema de la calidad. La luz de alarma se enciende cada vez con más fuerza, puesto que ahora ya no sólo hay reparos en el mercado extra-Mercosur sino también en nuestro vecino país.

Amenazas

Hoy la amenaza más clara proviene de Brasil.

Si este país llegara a reducir el Arancel Externo Común o simplemente pusiera al trigo argentino en un plano similar al de otros países fuera del Mercosur, el precio se vería gravemente afectado.

Habrá que estar muy atento sobre la cuestión. Y las entidades representativas de la producción y comercialización deberán mantener una posición muy ofensiva.

Qué dijo el USDA

Para EE.UU.: El cálculo es de una producción en 2002 de 51,3 mill.tn. debajo de las expectativas del mercado y de las 53,9 mill.tn. de 2001.

No mejoraría el consumo forrajero. Se estima una caída en las exportaciones al nivel más bajo en 30 años, atemperando la reducción de stocks.

Para el mundo:
Se proyecta un aumento de 16 millones de toneladas. en la producción 2002/03 a 596 millones de toneladas.
No es aguardan cambios significativos en los stocks finales proyectados en 162 millones de toneladas.

Para la U.E.
Se estima una producción de 107 millones de toneladas, con un aumento de 15 millones.

Para Argentina:
Se calcula una producción de 16,5 millones toneladas en Argentina, con un aumento de 1 millón.

Estimaciones sobre la producción de trigo argentino

La Secretaría de Agricultura indicó que el área implantada con trigo argentino correspondiente al ciclo 2002/03 alcanzará las 7 millones de hectáreas.

Sin embargo, en la campaña pasada, dicha área se ubicó en 7,10 millones de toneladas. Habría, entonces, una baja en la superficie sembrada.

Otros cálculos hablan de una superficie apenas superior a 6, 4 millones de hectáreas. De ser así, es probable que la cosecha en esta campaña se acerque a 14 millones de toneladas, es decir una cifra sustancialmente menor a la del año pasado y muy por debajo de lo que estima el USDA

 

Reflexiones sobre qué hacer al momento de la venta

Una estrategia conservadora sería ir promediando los precios de la cosecha acentuando las ventas.
Es fundamental tomar en cuenta que el trigo es el que mejor se halla posicionado respecto a la paridad internacional.
El riesgo de medidas oficiales provenientes tanto de Brasil como de aquí es considerable.

A partir del momento en que las empresas exportadoras finalicen el cumplimiento con las operaciones de ventas al exterior declaradas, con el anterior esquema de derechos de exportaciones, los precios internos tenderían a desmejorar, sino hay una suba en los precios internacionales.

¿Por qué razón, se puede esperar ello?
La explicación está dada en que los nuevos niveles de derechos de exportación son de 20% o más y, obviamente, su aplicación quitará valor a los precios internos. Según evolucionen las ventas, en un momento dado empezará la baja, parte de la cual puede haber empezado ya, como una etapa de transición.

Claro que en todo esto influye decisivamente el comportamiento cambiario, por lo cual es fundamental saber arbitrar hacia otros destinos.

Evolución en moneda constante