Se escuchan comentarios agoreros, se leen opiniones escépticas y se difunden apreciaciones oscuras sobre el futuro inmediato de los granos. Este es el cuadro de expectativas: oscuro.

Permítanos rebatirlo.

Una mirada al mundo nos muestra que el panorama no es desolador. Para nada.

Hay elementos muy positivos que permiten albergar una moderada esperanza sobre los próximos meses, para cuando lleguemos a la cosecha y para cuando iniciemos la siembra de la nueva campaña.

Recordemos que los alimentos en mercados gigantes, como China e India, no son materia fácil de desplazamiento a la hora de ahorrar. Y no hablamos de poca gente, se trata de más de 2.000 millones de consumidores.

Sus familias no están tan dispuestas a sacrificar la ingesta de alimentos a la que ya se han acostumbrado. Más bien preferirían rumbear el sacrificio hacia otros consumos. En blanco y negro: si en tiempos de bonanza, una familia incorpora nuevos consumos como por ejemplo el postre diario y el uso de cable cerrado, lo más probable es que, al momento, de decidir la eliminación de uno de estos hábitos, lo haga por el segundo.

Recordemos, también, que los agricultores del mundo están asustados frente a la crisis internacional. Por ello, es probable que vayan haciendo sus inversiones con cuenta gotas. Una estrategia de esta naturaleza aseguraría una menor oferta para la próxima campaña. Además los precios actuales no son atractivos y, por lo tanto, la disposición a sembrar es menor a la del ciclo previo.  Si la oferta tiende a restringirse, en principio, los precios deberán mantenerse, al menos, sostenidos.

Recordemos, además, que el petróleo ha sido un factor de baja o suba en los precios de los granos. Sin embargo, desde que este producto alcanzara un nivel próximo a u$s 40.- se nota que el precio de los granos se despega del valor de su valor. En tal caso, nuevas bajas no significarían nuevas caídas en los granos.

Recordemos, por último, que la cotización del dólar -en términos de otras divisas- incide directamente en los precios agrícolas.

Cuando el dólar comenzó, hace unos pocos meses, a revaluarse, los precios iniciaron su recorrido a la baja. Sin embargo, desde hace poco más de un mes, el valor del dólar comenzó a debilitarse.

Se puede afirmar que el dólar ha perdido aproximadamente un 10% de su valor en relación al euro. No es poca cosa…. ¿no?

¿Existe la posibilidad de que vuelva a revaluarse? Parece algo difícil, sobre todo si se considera que la tasa de interés de referencia correspondiente a la Reserva Federal de EE.UU. ha tocado un nivel inédito. Tan bajo es su nivel que se aproxima a cero.

Con una tasa de interés casi nula, es poco probable que el dólar, en el mundo, sea buscado como refugio de valor y, por lo tanto, no tendría gran chance de revaluarse. Al menos por ahora.

Vamos a nuestro país y a sus rencillas domésticas. El dólar en la Argentina ha tocado un piso semejante  -en términos reales- al de los peores momentos de la convertibilidad.

Existe por ello una fuerte presión a la suba. Tal presión está siendo “domada” por el Banco Central que no duda en utilizar todos sus recursos para mantenerlo en un nivel próximo a $3,40 frente al temor de que una nueva mejora en su cotización desate un alza en los precios de los productos más sensibles de la canasta familiar.

¿Hasta cuándo puede aguantar este esquema? La respuesta es compleja, pero se puede arriesgar un comentario. El problema fiscal que afrontará el gobierno en los próximos meses y la pronunciada baja del superávit comercial serán elementos decisivos en la formación del nivel del dólar en el mercado cambiario.

En tal caso, se puede aguardar una sustancial mejora de su valor en desmedro del peso.
¿Tiramos una cifra? Sería osado hacerlo. Pese a ello, uno podría decir que, en poco tiempo más, es factible que supere la barrera de los $ 4.- Y más también.

Si así son las cosas, el cuadro futuro no se muestra tan negro. Reparemos en lo que expresan los escépticos pero, también, tomemos en cuenta estos elementos favorables a los precios de los granos.