Aunque con reservas, los únicos que parecen satisfechos con los anuncios de ayer de la Presidenta son las frutícolas del Alto Valle de Río Negro. Hace tiempo que venían reclamando una rebaja de las alícuotas de las frutas de pepita o carozo (peras y manzanas), que hasta ahora tributan 10%, a diferencia de los cítricos, que hicieron en su momento mejor lobby y lograron una alícuota del 5%.

Ahora, si esos derechos se reducen a la mitad, la principal actividad económica rionegrina pasaría a pagar 5%. Tal como, dicen, le había prometido el Gobierno a la provincia a cambio de que lo ayudara en la Cámara de Diputados, cuando se votó ese Boca-River que fue la Resolución 125. Y, efectivamente, los rionegrinos Cuevas, Arriaga y Rossi, que se oponían al sistema, tuvieron votos sí positivos.

Es que todo lo demás son preguntas, comenzando por cuándo es “ahora”. Porque las exportaciones de fruta de pepita empiezan ya, en enero, por lo que un retraso en el Boletín Oficial impactaría negativamente.

¿Qué pasará con el Plan Frutícola Integral, anunciado hace dos meses por la propia Cristina Kirchner en Río Negro, que iba a financiarse precisamente con el 50% de las retenciones del sector, y que las frutícolas rechazaban justamente para no condenarse a ese nivel de retenciones? Dicen que el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, manifestó que esos fondos podrían salir de alguna otra arca, pero sería bueno que el asunto quedara dilucidado.

Por otra parte, los que ya pagaban 5% eran los jugos, que si ahora quedan homologados con la fruta fresca, perderían un incentivo para industrializar y deberían competir por una materia prima más cara.

¿Cuáles son las frutas comprendidas, además de cítricos y de carozo? La Presidenta enumeró uvas de mesa, arándanos y frutillas, además de hortalizas, ajo, cebolla, papa congelada, legumbres y porotos. Es decir, en principio, no incluye los damascos, cuyos productores tiraron este mes camiones a la ruta porque les ofrecían de $ 0,20 a $ 0,30 por kilo. Ni a los duraznos, cuya época de recolección acaba de comenzar y están pudriéndose en las plantas porque sale más caro cosecharlos que dejarlos echarse a perder. Y que, además, se exportan en proporciones ínfimas: de enero a noviembre, según el Senasa, se despacharon damascos por u$s 254.000 y duraznos por u$s 5,24 millones, contra las divisas de u$s 360,8 millones que generó el limón, o los u$s 325,1 millones de las peras.

En cambio, la uva, el ajo y la cebolla, también fuertemente anclados en la provincia del Vicepresidente, sí serían beneficiados con la rebaja del 50% de la alícuota. Sin embargo, tanto productores de hortalizas como de frutas se preguntan qué ocurrirá con los reintegros que cobran, lo que les dará una mejor dimensión del impacto de la medida.