La realidad es que el trigo sufre el ataque de dos frentes. Por un lado, los precios están sujetos a fuertes vaivenes en los mercados. La volatilidad se ha ensañando con este producción.

Y no se trata de algo local, es algo mundial. Chicago nos tiene a los tumbos.

Es cierto que, en los últimos días, aparecieron señales favorables a una mejora de los precios, como consecuencia de una suave pérdida de valor del dólar -en términos de las grandes divisas-  y de una lenta recuperación del precio del petróleo. Pero ello no es suficiente.

La oferta internacional es grande. Muy grande. Por ello, cualquier chispa hace detonar un bajón. Sobre todo en un mundo como el actual donde la demanda está tan determinada por el delicado encuadre financiero internacional con sus múltiples ramificaciones a los lugares menos pensados.

Ahora contamos con el último reporte del USDA. No sólo es un reporte, es también un elemento de influencia en la formación de los precios. Hay que tomar en cuenta ello, las expectativas se originan, también, en la información del USDA.

Según este organismo, la proyección de producción se incrementa respecto del mes anterior y, así, ahora pasa a ser de 684 millones de toneladas.

Si bien nuestro es país presenta un cuadro de oferta raquítico, la verdad es que Canadá, Brasil y Europa muestran un panorama de gran producción. Australia, como la Argentina, aparece como un gran perdedor pues su producción es más baja de lo pensado. Se habla de una producción que apenas rozaría el nivel de 20 millones de toneladas.

En lo que respecta a nuestro país, se estima un producción de 10,5 millones de toneladas, pero diversos analistas prevén una producción de apenas 9,5 millones de toneladas.

En este esquema local de escasa oferta, la exportación de la Argentina debe mover sus piezas. Y, en este ambiente de incertidumbre, los productores tienen que tomar decisiones sin saber qué es lo que viene de la mano del gobierno.

Por el momento, y mirando únicamente a los próximos días, la apertura de los mercados y la competencia entre los exportadores y los industriales mantienen cierto nivel de precios en el mercado local.

En tanto desde el plano internacional, los valores podrían tener algunos saltos positivos, una vez transcurridos los primeros meses del año que viene, si las condiciones de siembra se complican en el hemisferio norte.

Además, con los actuales valores, la tendencia a sembrar será más débil. Ello permitiría que el volumen  para la próxima campaña sea menor y, por lo tanto, los precios tengan un nivel superior. Estas son consideraciones que pueden empezar a incidir de un momento a otro en los precios actuales.

Otro aspecto a tomar en cuenta, es el mencionado efecto de un dólar nuevamente en baja. Cada vez hay mayor consenso en que nos acercamos a un nuevo tramo donde el dólar tendría un comportamiento en baja. Por ende, la demanda se activaría.

Pero, para ello haga efecto en la Argentina, se necesitará que el gobierno y la ONCA mantengan una estrategia previsible en el tiempo, a fin de asegurar a los importadores de trigo la afluencia de mercadería con suficiente antelación.

En tanto la cosecha de trigo avanza, ahora en el sur de la pampa húmeda.  Los productores ya saben bien cómo se comporta la ONCCA. Por ello, y dado que el remante para exportar sería tan reducido, se teme que los embarques en los puertos se detengan. Así, las cosas, la premura por desligarse de mercadería se acentúa día a día.

El trigo es la cenicienta, en este cuento más macabro que infantil.