Por una parte, la cosecha de trigo está resultando, peor de lo calculado hace tan sólo pocos días atrás. Difícilmente supere los 9,5 millones de toneladas. Los que operan en este negocio están muy mal.

Por otra parte, los productores no quieren desprenderse de la soja guardada, en gran parte, en los silos-bolsa. Es como si aquéllos que tienen soja no pudiesen venderla mientras esté por debajo del valor de $80 el quintal. Hay una suerte de barrera sicológica.

Además, al haber caído abruptamente tanto los precios del petróleo como la demanda externa por productos industrializados, es probable que, de ahora en más, la balanza comercial tenga graves problemas. Todo indica que están quedando atrás aquellos dorados años de gran superávit comercial.

No es descabellado estimar que el saldo de la balanza comercial pasare de los actuales 14 mil millones de dólares (año 2008) a tan sólo 2.500 millones de dólares en el año 2009. Ello sería resultado de una sustancial rebaja en las exportaciones.

Por ello, el cuadro inmediato es de alta inestabilidad financiera y cambiaria. El Banco Central tendrá que hacer malabares para no permitir una suba abrupta del dólar que acarrearía una violenta devaluación de nuestra pobre moneda.

La presión sobre el mercado de cambios es alta ya, que en los últimos meses, Brasil devaluó un 45%, México 30%, Chile 25%, Uruguay 24%. En tanto, nuestro país no llegó a devaluar un 10%. El rezago es manifiesto. Si Brasil lo hizo en tan grande proporción, los mercados apuntarán a que la Argentina termine haciendo algo similar. Ello equivaldría a un dólar próximo a $4,30.

El lobby de la Unión Industrial más la presión de los mercados pueden impactar en una mejora del tipo de cambio. La cuestión es que no se desbande. Llegar a fin de año con un valor del dólar cercano de $3,50 será todo un desafío para las autoridades del Banco Central.

En el plano internacional, hay buenas noticias. Acaba ponerse sobre la mesa el plan propuesto por el Presidente electo Obama para la recuperación economíca de Estados Unidos.

A partir de este hecho el humor de los mercados mundiales cambió rotundamente.

Y en respuesta a ello, el Euro y la Libra muestran algunos signos de retroceso. En tanto, el dólar comience un nuevo recorrido, donde pierda valor en términos del euro, los granos tendrán mayor chance de subir.

Respecto a lo comentado sobre la escasez de divisas, vale recordar la importancia que tiene la soja.

Tal es su peso en la balanza comercial, que no sería disparatado esperar una reducción de la alícuota en concepto de derecho de exportación, aunque de mala gana, por parte del gobierno. El gobierno necesita de las divisas y la soja es la que puede cumplir con sus necesidades.

Las retenciones podrían ubicarse en el 30 por ciento, como camino para descomprimir la situación económica: hay 10 millones de toneladas de la cosecha anterior de soja.

Una señal de tal naturaleza, más una incipiente mejora del precio internacional, empujaría a los productores a venderla. Sobre todo en este contexto de escasez de dinero con la cadena de pagos en riesgo. Cualquiera que camine por el interior sabe de lo que hablamos.

De ser así, el valor del dólar a $3,50, par fin de año, puede ser un hecho concreto.