Ha habido tiempos de cierre y tiempos de apertura de las exportaciones. Esta continua intermitencia, con intervalos que reniegan de los períodos previos, ha logrado que el trigo –tristemente- sea hoy uno de los commodities más humildes en la balanza comercial argentina.
¿Cuál es la consecuencia de este despropósito? Respuesta: una abrupta baja en la producción de trigo para esta campaña, que restringe la oferta a niveles nunca conocidos en las últimas décadas.
Así el cuadro, ahora, cuando debiéramos estar satisfechos con un buen nivel de oferta, el trigo amenaza con ausencias delicadas.
Por ello, los niveles determinados a través del denominado FOB mínimo oficial equivalen a un precio inferior al que está pagando hoy por hoy la exportación.
El FOB mínimo oficial se aproxima a u$s 175 y el informado por privados, embarque diciembre, a u$s 176 vendedor.
A partir de estos niveles, hagamos un ejercicio simple pero muy práctico. Si a los mencionados u$s176 le restamos los importes correspondientes por derechos de exportación y los gastos requeridos para llevar adelante el embarque, es decir el denominados “fobbing”, surge el precio al que un exportador debiera comprar el trigo en el mercado interno. Este precio equivale, pesos más, pesos menos, a 380.
Como vemos, el valor actual de mercado es superior, porque las empresas exportadoras están realizando operaciones en el mercado interno para hacerse de mercadería a precios superiores. Prefieren asegurarse.
¿Por qué se mueven así? La respuesta la encontramos en la escasa oferta que se vislumbra para los próximos meses, y al temor por falta de mercadería disponible.
Es que las lluvias recientes, la baja productividad por hectárea y el desánimo por cosechar han construido un cuello de botella en la oferta interna.
Las existencias actuales no llegan 2,8 millones de toneladas, 60% se encuentran en las plantas de acopio del interior del país y el resto se reparte entre los molinos de trigo y las instalaciones portuarias.
El remante exportable se aproximaría a 1.782.337 toneladas luego de que la ONCCA realizara un nuevo análisis de la Matriz de Seguridad Alimentaria.
En tal caso, un productor con mercadería disponible debería aprovechar el esquema actual, porque luego la mayor oferta mundial derivada de la recuperación de las cosechas en el mundo, podría afectar los precios locales.
Según el Consejo Internacional de Granos, la proyección de producción mundial para el 2008, seguirá en un nivel de en 683 millones, superior a los 610 millones de toneladas de la campaña precedente.
Pero si nos fijamos en lo que vendrá para el próximo año, la cosa es bastante difícil. El tramo negativo sería de corto alcance.
Las estimaciones hablan de menores las siembras para el 2009. De un momento a otro, ello habrá de actuar como trampolín en los precios. Además la demanda muestra una gran firmeza para el año que se aproxima.
La pronunciada reducción de los precios junto los elevados costos de los insumos mellarán la siembra en el mundo. Pero hay más. Es importante considerar las poco propicias condiciones climáticas que golpean a la producción de trigo de invierno en el hemisferio norte.