Retenciones: reflexiones frente a la falta de información oficial
Cuando se modifican los precios relativos, a
consecuencia de una fuerte devaluación lo que importa, en definitiva, es el
tipo de cambio efectivo.
¿Qué es una baja del tipo de cambio efectivo? Pues que si se aplican
retenciones, más bajo será el tipo de cambio efectivo.
El tipo de cambio efectivo está dado básicamente por el nivel de impuestos que
acarrea. Y las retenciones son impuestos que gravan la producción destinada a
la exportación. Son impuestos contrarios al aumento de la producción y la
productividad.
Ahora las retenciones son superiores al 20% y el problema es gravísimo por su
magnitud y fuerte atracción que ellas ejercen sobre el gobierno.
El efecto de un tipo de cambio efectivo en baja es perverso. Lo es porque, de
acuerdo a la percepción general, los ingresos del sector parecen altos, cuando
en realidad la ganancia es baja, pues los insumos muy relacionados con el tipo
de cambio son elevados ya que pasan por un tipo de cambio más alto.
En la medida que el sector exportador vaya declarando sus ventas externas, la
aplicación de retenciones tan altas como las actuales irán permitiendo un
ingreso de fondos a la AFIP de forma visiblemente creciente. Se aguarda que
durante todo este año, la cifra alcance a un nivel superior a 6 mil millones de
dólares y se estima que para el 2003, el monto llegue a cerca de 10 mil
millones.
Con un cuadro de subsidios internacionales en alza, este esquema impositivo
aplasta todo entusiasmo para motorizar la exportación argentina.
Las llamadas retenciones no sólo afectan la rentabilidad del agro. Ellas nublan
el horizonte económico del productor como empresario.
Esta ausencia de previsibilidad es la que atenta contra la inversión, en un
sistema productivo cuyo retorno sólo se advierte una vez superado un período
no menor a los 7/8 meses. Es sabido que desde la presiembra y la cosecha y
posterior venta no hay un plazo menor a éste.
Cabe urgentemente asegurar un cronograma en el nivel de retenciones por lo menos
para lo que dure la presente campaña. Se trata de dar certidumbre para la
inversión.
A su vez, debería establecerse el compromiso a apuntar hacia su desaparición.
La incertidumbre, tanto venida del exterior como desde el frente interno,
resulta de tal magnitud que el cronograma sería más que un paliativo un
requisito, sino se desea enfrentar una tremenda derrota en la nueva campaña.
Es necesario que el gobierno cumpla su palabra y establezca un compromiso
creíble.
Manuel Alvarado Ledesma
Director de Consultoría Económica para el Agro (CEA)