El nivel actual de los precios agrícolas está más que nada sujeto a las pesimistas expectativas sobre la demanda mundial, y no tanto por los balances concretos de oferta y demanda mundial.
Por eso, se hace tan difícil prever o tirar algunas líneas claras sobe el futuro inmediato. Por el momento lo que pesa en la formación de los precios son factores más sicológicos que reales.
La incertidumbre genera miedo y éste es el que está manejando los mercados de commodities, en general, y de los agrícolas, en particular. ¿Hasta cuándo será así?
Los fondos, hoy por hoy, patean sin piedad en contra de los mercados agrícolas. Antes fueron los que empujaron los precios a niveles casi impensables. Ahora son los que aplastan cualquier posibilidad de mejora.
Estos fondos siguen vendiendo y desprendiéndose de sus posiciones. Sin embargo, no hay porque pensar que ello seguirá así indefinidamente. A partir de algún hecho positivo de relevancia en el mundo, seguramente, cambiarán su tendencia.
La abrupta reducción del crédito, en los países centrales, afecta el consumo. A consecuencia de ello, la violenta desmejora en los balances de las empresas -y por ende en las acciones- va, poco a poco, golpeando en la economía real.
En tanto, las filosas rebajas de los mercados accionarios, del precio del petróleo y demás commodities unen a la firmeza del dólar que en términos de las principales divisas –sobre todo respecto al euro- se revalúa día a día y ello golpea competitividad de las exportaciones agrícolas. Y a su vez induce a otras devaluaciones en el mundo como es el claro caso del real brasileño.
La demanda mundial del trigo está particularmente sujeta al valor del dólar. Al crecer el valor de éste, la demanda internacional se contrae. Para peor, no es tan distinto el comportamiento de los restantes granos.
La interesante es que, pese al perverso comportamiento de los fondos, los commodities agrícolas luchan para mantenerse o mejorar su posición. El viernes pasado y el lunes, aún en medio de una situación pésima para los mercados financieros y con un dólar en suba, los granos presentaron batalla y lograron mejor su valor. No fue algo sustancial, pero sí muy visible. En rigor, fue la soja la más valiente. La que pudo salir airosa, moderadamente, pero altiva.
El comportamiento de la soja muestra indicios de que habríamos llegado a un piso. Se trataría de un piso próximo a $750 o de u$s 230 por tonelada. La pregunta es si este es el piso. Pareciera que sí…
En algún momento, más próximo que lejano, el mercado mundial caerá en la cuenta de que la cuestión de los bio-combustibles no tiene marcha atrás. Y también volverá la cordura para tomar en cuenta del cambio positivo de las dietas en la gigante China y la prometedora India. También habrá de considerar que los precios actuales son un castigo para la próxima producción.
A partir de ese momento, uno diría que el rebote marcha a nuestro encuentro.
Para quienes pierdan la paciencia, vale recordarles que los granos cotizan –en el mercado local- según sea el valor del dólar en el país. Quiere decir que, en este sentido, hay más para subir que para bajar. En definitiva, en algo más de un mes, el dólar ha crecido más de un 10%. No es poco…
Mientras tanto, no esperemos la carroza, todo lo contrario aguardemos, con aliento de mediano plazo, el rebote.