"Estamos hartos de pedir ROE para todo, cuando la única que roe es la Oncca, que se ha convertido en una cueva de ratas", disparó un explosivo dirigente de la Federación Agraria hace pocos días, en el fragor de una asamblea agropecuaria. La frase desnuda la antipatía que produce en cámaras de productores e industriales la Oficina de Control Comercial Agropecuario (Oncca) el mega organismo que controla todo lo que comercia y exporta el campo argentino.
Controles para comerciar que terminan trabando el comercio exterior, exceso de celo en el contralor, reglamentaciones ridículas, discrecionalidad en reparto de los registros de operaciones de exportación (ROE) y persecusión ideológica a las entidades son algunas de las acusaciones que el campo hace a la Oncca y a su titular, Ricardo Echegaray.
Claro que la mayoría de las acusaciones se hacen off the record , porque si hay algo que molesta al funcionario son las críticas dichas a través de la prensa, como la que hace poco le dedicó el presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes de la República Argentina (Ciccra), Miguel Schiariti, que publicó LA NACION el lunes pasado. Esta cronista pudo presenciar cómo, en los foros de la Oncca, conocidos industriales de la carne o los granos que critican al funcionario a sus espaldas le dedicaron extensas parrafadas de elogio en su presencia, como para no dejar dudas de su fidelidad.
Echegaray contesta las críticas de sus opositores alegando que el rechazo a los controles de la Oncca se debe a la tradicional informalidad con la que operó siempre el campo. "Los que me descalifican carecen de solvencia técnica y en el fondo no quieren controles. Acá nada se hace por capricho, todo está reglamentado", dijo a LA NACION el funcionario, en respuesta a las acusaciones de discrecionalidad que rodean a la entrega de los ROE.
"El peor problema de la Oncca es la discrecionalidad con la que se manejan los permisos de exportación. Falta transparencia en el proceso, los permisos se entregan a los amigos y en los plazos que ellos quieren y no se pueden prever. Si es tan transparente como Echegaray dice, "por qué no publican listados de los ROE entregados por empresa y montos" En la época de Marcelo Rossi y José Portillo (ex presidentes de la Oncca) sabíamos quiénes recibían los permisos", insistió Schiariti, el único empresario que denuncia a Echegaray con nombre y apellido. Según Schiariti, algún empresario K le sugirió que no le convenía ser "el segundo Rodolfo Walsh", en alusión al periodista desaparecido desde 1977 luego de denunciar atropellos de la dictadura militar.
"La resolución del encaje de la carne (que obliga a los exportadores a exportar el 25% de la producción reservando el 75% al mercado interno) es una de las causas mayores de discrecionalidad, ya que no se aplica a todos por igual. Y está afectando a exportadores y a la industria mediana, porque obliga a la venta en el mercado interno a precios ridículamente bajos. Nos están destruyendo", dijo Schiariti.
El famoso encaje, explicó el empresario, obliga a tener tal cantidad de carne en el mercado interno para poder exportar que a veces los vendedores se ven casi obligados a rifar el producto para los supermercados. Eso, sin contar que hay muchos operadores especializados en productos de exportación (menudencias o cortes Hilton, que no se consumen en el mercado local) que no tienen estructura comercial ni empresaria para operar en el mercado interno o que tienen que regalar stocks de productos que el consumo interno no requiere. "Gracias a la Oncca, ahora exporto el 20% de lo habitual", dijo uno de los empresarios que se agarran la cabeza por el nuevo entramado de regulaciones.
"Echegaray se equivoca cuando dice que no queremos controles. Los queremos, pero que sean iguales para todos", opinó el director ejecutivo de la Sociedad Rural, Marcelo Fielder. "Porque lo primero que es discrecional es el control. Y encima se esconden y distorsionan las estadísticas de exportación, negando hechos como los miles de toneladas de Hilton del ejercicio anterior que nunca se exportaron o diciendo que se exportaron 500.000 cuando todos sabemos que se exportaron 250.000", dijo el director ejecutivo de la Sociedad Rural.
"Para Echegaray es más fácil acusarnos de evasores que reconocer que es un soldado de Kirchner puesto para evitar las exportaciones de alimentos por otra vía, que es aplicando controles excesivos a las ventas de carnes, leche y granos", indicó Fielder.
Además de los ganaderos, los productores de leche y granos son otros de los que apuntan sus dardos a Echegaray. En el caso de los granos, el mal humor por las nuevas reglas dictadas por Echegaray es grande entre los exportadores de cereales. "A consecuencia de las resoluciones de la Oncca, no se puede operar a futuro, el sistema de exportaciones es totalmente inestable, las operaciones están trabadas y son ineficientes y caen los ingresos de divisas", explica un documento que maneja un grupo de exportadores.
De acuerdo a este mismo documento, el cambio de sistema de registros, la fijación de plazos de hasta tres meses para aprobar una exportación y solicitar un permiso de embarque y el encaje a los granos son los peores dolores de cabeza del sector. "Estos procedimientos impiden la operatoria normal granaria, convirtiendo al mercado local en un mercado disponible y afectando los precios por concentrar las ventas y, además. obliga a vender la mercadería física, lo que destruye la posibilidad de vender a futuro la cosecha", son algunas de las críticas que en la industria atribuyen a la inventiva de Echegaray.
"Como productor, uno puede cubrirse del riesgo con los futuros agrícolas y teniendo seguro de riesgo. Pero lo que no se cubre es la incertidumbre, que tiene un costo abismal. Al no ser mensurable, siempre te calculan la hipótesis de máxima y eso redunda en que te paguen menos", explicó Alfredo Rodes, director ejecutivo de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap). "La incertidumbre siempre la paga el productor, y en estas cuestiones resisten los cinco grandes, así que el negocio se concentra más", apuntó Rodes.
Ante las críticas, y aún consultado sobre los rumores que culpan a sus subordinados de cobrar por otorgar ROE, Echegaray insiste en que las críticas son por negación del sector a los controles y asegura que va a seguir trabajando. Por eso, anunció que busca reservarse el otorgamiento de las cartas de porte, atribución hasta ahora reservada a la Federación de Acopiadores y la Federación Agraria Argentina (FAA).
Ante el anuncio, desde la FAA replicaron que Echegaray sólo busca una venganza política ante la entidad. "Lo que no sabe es que para nosotros no es un agujero económico que nos saque las cartas de porte, porque esto es un servicio al productor, el principal afectado por el revanchismo de Echegaray", dijo el vicepresidente de la FAA, Ulises Forte.
"Yo voy a seguir haciendo, digan lo que digan", insiste Echegaray, que, sin límites en su voluntad de control, aspiraría a agregar una "A" a la sigla de Oncca, para que por su oficina pase "todo lo que se mastica en el país", según confesó en uno de los foros.
Por Mercedes Colombres
De la Redacción de LA NACION


