La situación que vive hoy el campo, como muchos otros sectores de la economía argentina, es de gran incertidumbre. No sólo la agricultura, que está en el centro de la escena por la debacle del precio de los granos, sino también la ganadería.
En los últimos días, los representantes de la Comisión de Enlace y el Gobierno, habían bajado el tono de la confrontación, quizás advertidos de que la crisis afecta a todos, y que las necesarias soluciones deben surgir de un diálogo constructivo. Sin embargo, ayer la presidenta Cristina Kirchner hizo duras referencias al agro, al decir que "todo lo que la ceguera y el egoísmo nos quitó igual se lo daremos a los que menos tienen".
Hoy, los números del negocio agrícola están muy complicados, como reflejó Clarín Rural en su edición de la semana pasada, en base a un informe de AACREA.
A pesar de eso, muchos productores aprovecharon las lluvias de los últimos días, que cortaron la sequía más dura que hayan sufrido en décadas varias regiones de la Zona Núcleo, para acelerar las demoradas siembras de maíz, y para arrancar a tiempo con las de soja, un cultivo en el que este año se recostarán más que nunca.
Pero lo harán con incertidumbre, porque muchas ecuaciones hoy no cierran. Sin embargo, los que siembran igual lo hacen con una expectativa: que, una vez estabilizada la crisis financiera mundial, los precios comiencen a recuperarse, y para la época de cosecha, sobre el otoño del año que viene, la realidad sea distinta.
Por lo pronto, y muy lentamente, ciertos precios de insumos han comenzado a bajar. Algunos que compraron glifosato en la última semana dieron cuenta de un mínimo movimiento hacia abajo.
Otros, más asustados por el resultado de sus empresas, han planteado a los dueños de los campos que alquilan, la necesidad de renegociar los contratos en términos amistosos. Es que, claro, alquileres de 500 dólares por hectárea hoy no cierran, ni siquiera con rendimiento de 4.000 kilos o más en soja, para nada fáciles de conseguir.
Otra pregunta es cómo se está financiando esta campaña. Quienes apostaban a ingresos por trigo sobre fin de año, para pagar los insumos, se están topando, en muchos casos, con los estragos que causó la sequía, y rendimientos que no dan para celebrar nada.
Otros, que no vendieron la soja cosechada en el otoño pasado, ahora no la quieren largar, a menos que estén entre la espada y la pared. A estos precios, quién vende?. Esta semana la soja perforó el piso de los 700 pesos por tonelada, en Rosario, y no hubo vendedores a esos valores.
Muchos tienen la soja guardada y algunas cifras de los corredores hablan de más de 11 millones de toneladas, una cifra muy alta para el "carry over" a esta altura del año, cuando ya se comenzó a implantar la nueva. Pero la idea de esos productores es desensillar hasta que aclare. Rezan para que la soja vuelva a subir y puedan obtener más que aquellos números de aquí a algunos meses.
Mientras tanto, algunos hacen cuentas y afirman que, con el maíz más barato, los feedlots podrían comenzar a ser más rentables, más allá de las compensaciones que, en muchos casos los sostienen.
Así podría dinamizarse la demanda de terneros y subir un poco el precio que reciben los criadores. Pero consignatarios y representantes de la industria frigorífica dicen por estas horas que los feedlots son casi hoy los únicos que están comprando terneros, y que esa demanda sola no alcanza.
Si a eso se le suma la fuerte baja que sufrieron los precios internacionales de la carne, golpeando duro los números de los frigoríficos exportadores, el panorama es aún más complicado, porque tampoco se sostiene firme la demanda por los novillos más pesados.
La coyuntura, está claro, es muy compleja. Quizás los próximos días aporten algo de estabilidad, que hace más falta que nunca.


