El lunes 6 de octubre, Chicago se desenvolvió como la mayor parte de los mercados: en pánico. Los precios tocaron los mínimos autorizados de baja. la soja perdió U$S 25,7 por tonelada, el maíz U$S 11,8 y el trigo U$S 16,5.
Algo que asusta…¿no? Pero no podemos caer en la avalancha: pongamos paños fríos.
Los resultados de estas ventas se dirigen al refugio tradicional, el oro y el dólar estadounidense. La gente se mueve con irracionalidad.
Desde el pico alcanzado allá por julio, la baja de la soja acumula cerca de un 45%.
El mundo está caminando hacia un horizonte desconocido. Y ello a su vez,
alimenta todo tipo de fantasmas. El impactante paquete financiero de salvataje
quedó a la vista de todos como algo muy discutido en la dirigencia de EE.UU. Las
visibles demoras del Congreso estadounidense para que se aprobara, dejaron la
sensación ausencia de consenso para encontrar una verdadera solución.
Y, así, lo que debería haber sido una herramienta que corte de cuajo con las expectativas negativas, terminó siendo un elemento apenas tranquilizador.
Por eso, el verbo de hoy en los mercados financieros es “vender”. Las ventas para cerrar posiciones y en busca de liquidez son la constante del momento.
La gente con miedo sólo atina a escapar, aunque a veces no sepa bien hacia dónde. La mayoría de los que toman decisiones, hoy, no lo hacen con criterio, sino con pánico.
Los mercados de granos, lógicamente, muestran la avalancha de ventas apresuradas que, a su vez, acentúan las bajas de precios.
Hay que hacer un poquito de memoria. Recuerden que los precios altos de abril-julio de este año tuvieron su razón de ser en la acción de los fondos, que empujaron hacia la suba, en el valor del petróleo, que generaba demanda adicional para los biocombustibles, y en los fundamentals, que mostraban bajos niveles de stocks. A todo ello, se agregaba un dólar depreciado que incentivaba la demanda de granos.
Estos elementos hoy están desdibujados. No queremos decir que han desparecido, aunque así parezca, sino que preferimos hablar de una aparente desaparición. Porque muchas cosas todavía están en “veremos”.
El clima por ahora está operando como un factor bajista para los precios. Las condiciones son favorables para los cultivos en EE.UU. Sin embargo, las cosas no parecen que vayan a permitir un incremento del área sembrada en Brasil, como se dijera hace un tiempo atrás. El aumento de los costos variables y la desaparición de los créditos indicarían no que se va a dar tal incremento. Y esto es central en el futuro valor de la soja.
Por otra parte, los mercados se encontrarían “sobrevendidos”, en el corto plazo. De ser así, en algún momento próximo, deberían empezar a corregir esta situación, con el consiguiente efecto favorable a los precios.
En la plaza local, además, se habrían registrado operaciones de exportación del complejo sojero por encima de lo comprado en el mercado interno. Este es un factor de suba que, en algún, momento se va a dar a conocer.
Respecto a los bio-combustibles. Es un hecho que la bio-energía no tiene
retorno. Ahora con los precios del petróleo en baja, uno puede dejarse engañar,
pero a la larga el bio-combustible seguirá su derrotero.
Claro que es fácil dejarse engañar. Con lo que está pasando uno no puede ver el
horizonte con un mínimo de objetividad .
El precio del petróleo de referencia “West Texas Intermediate” ya está por
debajo de los US$ 90 en el mercado de futuros de Nueva Cork. Es el valor más
bajo desde febrero de este año.
De este modo, el precio del combustible fósil ha disminuido cerca de un 40%
desde el récord de 147,27 dólares del 11 de julio de este año. Esto golpea
fuerte a los mercados granarios.
En un futuro, no muy lejano, la gente pasará del temor al estado de tranquilidad necesario para analizar la situación. Y allí, el cuadro habrá de modificarse, al menos es lo que desde está columna podemos apreciar.
Animo, que todo pasa.