Por Gustavo Frías Silva

El campo reiteró sus reclamos por soluciones que nunca llegan, pero la respuesta del Poder Ejecutivo es que el campo no quiere el diálogo.

Indudablemente que todo lo que está ocurriendo no llevará a resultados positivos si uno mira hacia el futuro productivo argentino. Nuevamente las posiciones entran en el juego del “tire y afloje”; uno con el paro de actividades, en la cual se destaca la comercialización de granos y el otro sin atender el reclamo totalmente genuino del sector agropecuario. Lo más grave aun es que en esta lucha sin cuartel los únicos que pierden somos los argentinos.

En el Congreso CREA-NOA que se realizó la semana pasada en Tucumán, todos los disertantes invitados, especialistas cada uno en el quehacer político y económico regional y nacional, manifestaron en sus ponencias sobre que el país tiene oportunidades que debe aprovechar en esta coyuntura mundial por la que se está transitando.

Son graves los problemas financieros y de necesidades extremas de alimentos y de energía. Desde la Nación no se muestra interés frente a este panorama y las medidas que se tomaron - después del fracaso por imponer las retenciones en el Senado- no sirven para activar la maquinaria agroproductiva argentina.

A esta situación tan particular debe sumarse que en estos días los precios internacionales de la soja tuvieron una baja importante, mientras que los costos de producción siguen aumentando y las adversidades climáticas en el país, y en la región, siguen golpeando con firmeza al hombre de campo.

La sequía que afecta a gran parte del territorio nacional dedicado a la producción de granos, que en esta época es exclusiva en un gran porcentaje al trigo, genera pronósticos preocupantes de los que se puede llegar a cosechar a nivel nacional. Ni hablar de los inconvenientes que ocasiona la falta de agua en el NOA y de los estragos que causó la helada del 6 de setiembre pasado en los trigos de la región.

En el último informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires se estima que esa pérdida significará una disminución de más del 25% respeto de lo que se cosechó en la campaña triguera del año pasado. De acuerdo con estos números, la producción llegaría a los 12 millones de toneladas contra las casi 16 millones que se cosecharon durante la campaña 2007.
En Tucumán se estima que las pérdidas pueden llegar a un promedio de mas del 50%, por efecto de la sequía y de las heladas. El problema no termina ahí, ya que la calidad de trigo que se pueda llegar a cosechar también fue afectado, por lo que la incertidumbre de saber cual será el rendimiento promedio es una incógnita.

El cultivo de este cereal de invierno es para el productor tucumano una actividad suplementaria, y muchos lo practican para proteger los suelos durante la temporada invernal, pero aún así no debe quitarse la gran importancia económica que tiene.
De todas maneras, la inversión de muchos productores trigueros que apostaron a un mejor rendimiento con el uso de la tecnología disponible en el mercado, como curasemillas o agroquímicos, termine siendo un costo que difícilmente pueda ser cubierto a hora del balance final.

Es indudable que todos estos pormenores climáticos, sumados al conflicto del campo con el Gobierno nacional que sólo genera incertidumbre, presenta para el nuevo año productivo un horizonte que no se vislumbra como auspicioso.
La salida para mejorar el país suena simple pero las políticas lo complican. Hay que producir más y mejor,con la mejor tecnología disponible y con todos los hombres del campo involucrados en las diferentes escalas productivas.

El conflicto y los resultados económicos adversos o poco tentadores sólo benefician a los más grandes y eficientes.
El mundo debe alimentarse y funcionar con energías renovables, y la Argentina tiene todo para hacerlo. Unicamente falta la decisión del Gobierno nacional de llevar adelante una política agropecuaria acertada, enfocada a lograr excelentes resultados.