El Riesgo País argentino está en las nubes. Sólo en el mes de septiembre ha trepado cerca de un 40%. Es curioso que el Poder Ejecutivo muestre tanta soberbia cuando los indicadores del riesgo de poner un peso en el país son tan vergonzosos.

El Riesgo País es un indicador relacionado con la eventualidad de que un país se vea imposibilitado de cumplir con sus obligaciones, por razones fuera de los riesgos usuales que surgen de cualquier relación crediticia. Cada país presenta un nivel de riesgo específico para las inversiones. Y es evaluado de acuerdo con el conocimiento que cada inversor tiene de dichas condiciones. Todo inversor trata de establecer el nivel de probabilidad de sufrir una pérdida.
Para ello, se suele utilizar el EMBI (Emerging Markets Bonds Index o Indicador de Bonos de Mercados Emergentes). Éste lo calcula J.P. Morgan Chase. A menor certeza de que el país honre sus obligaciones, más alto es el EMBI de ese país, y viceversa.
Hoy la Argentina lidera en el mundo en nivel de riesgo. Será muy alto el riesgo de invertir en EE.UU. pero, ciertamente, lo es mucho más en nuestro país. Por ello, cuando uno ve lo que dicen nuestros funcionarios, recuerda cómo es posible que el muerto se ría del tuerto. Se ve que acá es posible.

Desde afuera van llegando los cimbronazos que afectan al país y a los granos en general.

El precio del petróleo sigue cayendo por la especulación de que una posible recesión en EE.UU. afecte su consumo. Está próximo a un nivel de u$s 96.- el barril.

El euro continúa, a su vez, en baja. Ya está en el nivel más bajo de los últimos 13 meses con respecto al dólar. La relación actual es así: EUR-USD 1.3815.

No es una buena noticia para el precio de los granos, pues afecta la capacidad de compra de granos de los europeos y de los asiáticos.

Mientras el Riesgo País se acerca a los 1.000 puntos, cuando hace poco más de treinta días estaba en 670, poco a poco van llegando los golpes del primer mundo.

Y no sólo hacia acá. También hacia países, enormes compradores de granos, como China e India. Al bajar sus posibilidades de exportación hacia EE.UU. y el primer mundo en general, estos dos colosos, lógicamente, tendrán menor capacidad adquisitiva. El punto está en saber hasta donde estos gigantes estarán dispuestos a sacrificar sus importaciones de alimentos y granos en líneas generales.

Daría la impresión, tal como lo dijimos en otras oportunidades, que mercados tan enormes no van a dejar, así nomás, de comer al nivel al que ya se han acostumbrado. Van a sacrificar muchas cosas, pero no mucho lo que es la ingesta de buenos alimentos.

Por ello, y dados los fundamentals favorables a precios relativamente sostenidos, cabría esperar que, en algún momento futuro, haya cierta reactivación de los precios.
Es probable que las bajas en los granos respondan más a cuestiones de pánico que a elementos reales de la economía mundial. La disminución de actividad económica a nivel mundial que, obviamente se viene, por la falta de crédito y la desvalorización de activos, empuja hacia la desconfianza y los fondos tienden a retirarse de los mercados granarios.
Pero, ¿será así? O más bien, puede virar la tendencia una vez pasada la locura.
Temple de acero. Flema británica. No sabemos cómo llamar a lo que hoy se necesita.

Además los granos en el país están cotizados en valores relacionados con el dólar y ello es un seguro en un momento tan difícil. De hecho hace poco tiempo, su valor era inferior a $3,06 y hoy está en $3,16.

En fin, así está el mundo. Seguramente quien pueda sobrepasar este primer tiempo, posterior al lanzamiento del salvataje anunciado en EE.UU., habrá de asistir a días mejores que los actuales.