Julio Ferrarotti, referente de área Ciencia y Tecnología de la Cadena de la Soja Argentina (Acsoja) explica la importancia de no quedarse atrás con los nuevos desarrollos genéticos vegetales y augura un crecimiento del área sembrada.

Julio Ferrarotti es el referente en materia de Ciencia y Tecnología de la Asociación de la Cadena de la Soja (Acsoja), entidad que agrupa a todos los eslabones de esta gravitante cadena de valor de la economía argentina y su comercio exterior. Para dar una idea de la importancia de la producción sojera para el país, basta señalar que el complejo sojero en su conjunto (las exportaciones totales de granos, aceite y harinas de soja) ingresan anualmente 15 mil millones de dólares a la balanza comercial del país. Un 50% del aporte total de las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), que son las responsables del superávit comercial nacional.

La rentabilidad de la soja sigue fuera de discusión y es por esto que Ferrarotti augura “un área sembrada en crecimiento para los próximos años” –“estamos en 16 millones de hectáreas y en dos o tres años llegaremos a 18 millones de hectáreas”, afirma– y reinstala un tema opacado por la urgencia de la reciente protesta agraria pero clave para la competitividad futura de la oleaginosa. “Hay que avanzar en generar una ley marco que consagre derechos de propiedad intelectual de los obtentores de nuevas variedades de soja a fin de que los hallazgos mundiales que se produzcan en genotipos resistentes, lleguen a la Argentina y el país pueda crecer en producción y en mercados” afima el directivo de Acsoja.

Esto significa asegurar el desarrollo biotecnológico nacional, que venía con mucho viento a favor y hoy sufre un estancamiento que no sólo tiene que ver con la coyuntura del conflicto agrario. El CEBIGEVE (Centro de Biotecnología y Genómica Vegetal) que se construye en tierras del centro universitario de Rosario y el INDEAR (Instituto de Agrobiotecnología Rosario) deberían estar en fases más avanzadas de desarrollo y hoy esperan partidas presupuestarias del estado nacional, una inversión del gobierno español y también el impulso de los aportes del sector privado no sólo para terminar la estructura edilicia sino para ampliar investigaciones y proyectos de trabajo.

En tanto, a nivel mundial un reconocido comité genético estadounidense está apunto de completar el dibujo del mapa genético de la soja, con lo cual se incorporarán nuevas variedades al mercado con mayor tolerancia aún a stress ambiental u otros factores pero difícilmente lleguen estas variedades al mercado nacional, donde el derecho de propiedad intelectual sobre nuevos hallazgos científicos no se paga.

–Mucho se habla de complejo sojero y su aporte al país, como quedara área sembrada para la próxima cosecha?

–El área sembrada sigue creciendo y lo seguirá haciendo, las más de 16 millones de hectáreas de la campaña anterior hoy orillan las 17 millones de hectáreas para esta campaña y en los siguientes dos o tres años crecerían hasta 18 millones de hectáreas cultivadas aproximadamente.

–A contrapelo de limitar la llamada “sojización” el esquema de retenciones parece llevar a la tendencia opuesta en la práctica.

–En las explotaciones agropecuarias las rotaciones existen, con gramíneas, maíz, sorgo, es habitual en Argentina y así el productor protege su suelo, mantiene el balance carbono-nitrógeno y da sustentabilidad pero la soja es el cultivo que traccionó técnicas conservacionistas de suelo como la ausencia de labranza. No hay razones científicas, tecnológicas, ni de otro tipo que justifiquen una reducción de la superficie sembrada con soja en nuestro país.

–¿La rentabilidad está fuera de discusión, cómo aumentaron los costos de los insumos de soja?

–Sin duda la mayor incertidumbre hoy esta dada por los fertilizantes, Estamos muy cerca de que las tarifas sean liberadas y esta presión no puede resistir mucho más, el barril de petróleo va aumentando en el mundo, por lo cual la reposición de nutrientes al suelo es la preocupación más grande de las cadenas de valor. Argentina está entre los países agrícolas que más cuida sus recursos de suelo y la preocupación es que no se disparen los costos de los fertilizantes como hoy está previsto para que se pueda seguir haciendo.

–El polo aceitero del Up River o del sur de Santa Fe hoy demanda 160 mil toneladas diarias ya que esa es su capacidad de molienda. ¿Va a ser necesario traer mercadería de los países vecinos?

–El punto de inflexión se dio en la campaña 2006-2007 donde nuestra capacidad de molienda quedo levemente sobredimensionada con lo cual es necesario, incluso hoy, que Argentina tenga un crecimiento en su producción. Está ingresando mercadería de países vecinos como Paraguay y Bolivia y –menos– de Uruguay y Brasil para poder satisfacer la demanda anual de las plantas.

– Precisamente en materia de crecimiento de la producción tiene un rol clave la biotecnología, hay investigación en nuevas variedades de soja en el país?

–Los eventos emergentes de la biotecnología han producido un cambio sustancial en la agricultura argentina, y ésta ha sido adoptada a tasas anteriormente impensadas por productores, lo que ha puesto a nuestro país a la cabeza mundial en materia de producción y exportación de soja y sus derivados. Hoy hay nuevos eventos que están disponibles para que las empresas que hacen mejoramiento genético vegetal lo introduzcan entre sus variedades en el mundo como genes que codifican para una mayor tolerancia a insectos o factores abióticos externos como sequía, pero en Argentina hay una limitante muy fuerte y es que estos eventos no están llegando, no están a disposición de los productores porque tenemos una materia pendiente muy importante en protección a la propiedad intelectual de los cultivares.

–¿Cómo deberíamos proteger la propiedad intelectual de nuevos hallazgos en genómica vegetal?

–Necesitamos una ley que incluya a la biotecnología en protección intelectual y a la vez generar diferentes métodos de protección jurídica a genes y “aggiornar” nuestros métodos de protección vegetal para proteger los derechos del obtentor

–¿Cuántos nuevos eventos entrarían al país si esto ocurriera?

–Hay un gran cantidad, tanto por laboratorios públicos como privados. En EEUU hay un comité genético para el cultivo de soja que esta a punto de tener el dibujo completo de genes de la soja y allí se identifican una infinidad de genes útiles para la Agricultura que incluso ya están en procesos desregulación en otros países. En Argentina los únicos que están en vías de desregulación de la Comisión Nacional Asesora en Biotecnología Agropecuaria (Conabia) son con el objeto de producir semillas en contraestación para ser aprovechados por productores del hemisferio norte. Tenemos que volver a retomar estos temas porque sin duda van a afectar la competitividad argentina si no se resuelven.

–¿Cuál es el número de incidencia de las exportaciones de soja en la balanza nacional y en exportaciones MOA (Manufacturas de Origen Agropecuario)?

–La soja sigue siendo cultivo estrella del país, hoy el complejo productor de harinas, aceites y granos, en total, han ingresado unos 15 mil millones de dólares al país en un año, casi un 50 % de lo que ingresa por exportaciones MOA. Pensar en una eventual reducción del cultivo no tiene argumentos porque el 85% de la soja que se cultiva en el país se hace sobre suelo donde nunca hubo bosques sino solo pastizales, es decir se trata de suelo que nunca fue deforestado para hacer soja.