A medida que vaya pasando el tiempo y, dada la fuerte decisión del Gobierno de EE.UU. de intervenir en el mercado, seguramente el pánico actual habrá de ir cediendo. Más que posible es altamente probable.
En tal caso, lo esperable sería que la gente comience a actuar pensando más en el largo y mediano plazo que en la coyuntura. Mientras la gente esté con la mente en la coyuntura, la cosa seguirá ardiendo.
Justamente lo que el Gobierno quiere es que los operadores se serenen. Quiere que adopten posiciones frías. Quiere que aguarden, con paciencia oriental, ganancias a lo largo del tiempo.
Si las medidas de shock a tomar, en estos momentos, son las adecuadas, cosa que parece que va a ser así, el cuadro iría normalizándose y, por ende, los aspectos financieros en los mercados de granos y commodities empezarían a perder peso. Es decir que estos “colados” quedarían afuera gradualmente.
En tal caso, los fundamentos (fundamentals) comenzarían a incidir en la formación de los precios.
Hasta ahora, hablamos en condicional. A partir de acá, hablaremos sin vueltas: lo fundamentos siguen siendo favorables para niveles más o menos elevados en los precios agrícolas. Seguramente, más bajos que aquellos vistos hace tres meses. Pero, elevados…
La cuestión de los stocks es un hecho. Y ha de valer en algún momento. En líneas generales, las existencias son bajas. El caso de Brasil muestra cuán débil es la situación. Si los precios caen, Brasil, el gran gigante de la soja, después de EE.UU., y el primero del hemisferio sur, no tendrá aliciente para una siembra importante. No olvidemos que los costos internos para las siembras en Brasil, hoy por hoy, son altos. Y para que comience la siembra en serio falta prácticamente nada.
Si Brasil no crece, los precios futuros serán más elevados.
En una proyección hacia delante, sobre los precios por venir, se encuentra un punto muy importante: la presión de la demanda. Se trata de la demanda tanto para bio-combustibles como para el consumo de la gente, sobre todo de Asia- Pacifico, que por más golpe que reciban de esta crisis, difícilmente contraigan sustancialmente el uso de algo como la comida. Seguramente lo hagan en otros consumos, pero no en éste.
Este análisis queda reforzado con el recorrido que debería tener el dólar, en términos de las otras divisas del mundo, sobre todo las correspondientes a los países de Asia- Pacífico.
Hay una cosa segura: desde ahora, la gente, es decir los inversores y operadores de los mercados, van a poner su atención en el costo que va a significar para el ciudadano norteamericano el paquete de medidas para salvar al sistema financiero.
Este rescate financiero no será gratuito. Ello más la fragilidad que muestra la economía estadounidense (con probables subas en el déficit fiscal), prácticamente, aseguran que el dólar deje de subir. Y que probablemente pierda buena parte de lo recuperado en estos últimos dos o tres meses.
Un dólar más devaluado implica mayor facilidad para la Unión Europea y para Asia Pacífico en la importación de commodities agrícolas.
En rigor, si nos fijamos con detenimiento, los precios comenzaron a bajar en el mundo mucho antes de esta crisis. Es cierto que la baja se pronunció con ella, pero no puede decirse que la crisis fue el origen de la pendiente a la baja a la que asistimos desde hace unos dos meses.
Por lo pronto al cierre de este comentario, el día lunes 22, los precios se mostraron en suba. Para el trigo la exportación pagó $ 530 y con entrega diciembre/enero 2009 a u$s 165. Para el maíz los compradores pagaron $ 420 sin descarga inmediata Y la soja operó sobre niveles próximos a $ 890. Se trata de valores superiores a los previos a esta crisis.
¿Qué tal? Quizás no estemos errados con esta apreciación, más positiva que las realizadas por la mayoría de los medios e informes en general.