La Cuenta Corriente en el Balance de Pagos de la Argentina se compone, a su vez, de diferentes Balances. Se compone del Balance de Mercancías (el más importante), del Balance de Servicios (deficitario), del Balance de Rentas (deficitario) y de las Transferencias Corrientes.
Estos Balances - que conforma la Cuenta Corriente- el año pasado tuvieron un superávit de aproximadamente 7.500 millones de dólares. En otras palabras, la Cuenta Corriente alcanzó un saldo positivo de 7.500 millones.
Pero además está la otra cuenta, la Capital y Financiera. La Cuenta Capital y Financiera tuvo, el año pasado, un superávit próximo a 6.000 millones de dólares.
Al sumar estos dos grandes rubros, vemos que la entrada de divisas alcanzó la suma de 13.500 millones de dólares, aproximadamente.
Pero ello que parece auspicioso, hoy se presenta con dificultades a la vista. Para este año existen dudas muy serias sobre el ingreso de divisas, dadas las sospechas de que grandes sumas de dinero habrían huido del país. Por lo que la Cuenta Capital y Financiera mostraría una fuerte reducción.
Por ello, se presume que en lugar de los 13.500 millones del año pasado, este año mostraría una reducción y, lo que es peor, el próximo una rebaja mas pronunciada.
Vamos ahora al Banco Central, que no tiene nada que ver con el Balance de Pagos.
Las reservas mantenidas en el Banco Central ascenderían a una suma algo superior a 47.000.- millones de dólares.
Esta cifra estaría por debajo de la existente hace un mes. Ello podría estar marcando una tendencia,también,preocupante.
Otro hecho pone más calor al incipiente fuego. Se ha decido cancelar la deuda total, aún la que no está vencida, con el Club de París. Se trata de un monto de alrededor de 6.700 millones de dólares.
Pese a que toda deuda se debe pagar con el superávit fiscal, el gobierno tomó la decisión discrecional de quitar reservas al Banco Central para cancelar la deuda mencionada. Olvida que, en la puerta del Banco Central, una leyenda en letras de oro reza: “Es deber fundamental del Banco Central preservar el valor de la moneda nacional”
Cuando se haga efectivo este pago, en el Banco Central apenas quedarían poco más de 40.000 millones de dólares.
Este nivel de reservas nos hace pensar en un dólar próximo a $3,50. Teóricamente, por cada dólar se debería recibir $3,50. Todo ello, sin tomar en cuenta la inflación que merodea un nivel del 30% anual.
¿Será así?
Cuando estemos por comenzar el año 2.009, los vencimientos de capital e Intereses, para todo, el año serán de poco más de 14.000 millones de dólares.
Esta deuda a vencer a lo largo del año, nos encontrará en una situación financiera más difícil de la que hemos vivido en los últimos 4 años. En rigor, bastante más difícil y con expectativas por parte de la gente claramente negativas.
¿Puede un elevado volumen de exportaciones mejorar el cuadro? Nos preguntamos entonces: ¿qué pasará con las exportaciones?
Es muy factible que la cosecha de trigo sea muy menor a la del año pasado. Hablar de un 30% de reducción en el volumen no es descabellado, sobre todo, considerando la baja en la superficie y la sequía que afecta a buena parte del país.
La prolongada sequía debido al fenómeno de La Niña estaría en una etapa de tipo neutral, es decir sin posibilidades de revertir las condiciones de los suelos. Se trataría de un ciclo de al menos tres meses.
Por otro lado, el maíz está cada día más pasando a ser una ilusión. Los costos elevados y la falta de humedad en la cama de siembra están modificando los planes de siembra.
Hablar de una caída del 25% en la superficie a sembrar de maíz respecto al año pasado no parece ser disparatado.
En fin, como vemos, luego de la cosecha de trigo, la entrada de divisas será menor a la de otros años. Enero será un mes especialmente caliente. ¿Si o no? Analícenlo ustedes…
Es probable que la baja sea muy acentuada. Como en una tragedia griega, acá el mercado parece estar tomando su revancha. Hubo tiempos en que el gobierno pudo captar impuestos sobre la base de una soja próxima a 600 dólares FOB y, en su necedad, perdió la posibilidad. Ni comió, no dejó comer.
El gobierno (y, lamentablemente, todos) queda a merced de la venganza del mercado.