Los pronósticos climáticos sobre próximas lluvias -que mejorarían los cultivos estadounidenses durante los próximos días- están afectando las previsiones sobre la producción de la gruesa.

A ello hay que agregar la estimación de FC Stone, que ha calculado una producción de soja en EE.UU. del orden de 81,72 millones de toneladas. Como vemos es un volumen considerablemente superior al estimado por el USDA que el mes pasado lo estableció 80,90 millones.

La Bolsa de Chicago viene cayendo lindo. De eso no hay duda. Y la soja es una de las más perjudicadas.

Por si ello no fuera poco, acá, las medidas oficiales operan como una cama de púas. Aquellos fieles seguidores de Ghandi podrán salir airosos. Y quizás otros con suerte en sus espaldas.

Quien no sepa las reglas más elementales del Yoga, correrá el riesgo de desbarrancarse.

¿Por qué decimos esto? ¿Es una afirmación fatídica? Quizás…

Los precios de hoy, 4 de septiembre, resultaron semejantes a los del día anterior. Analicemos lo pasado en los dos días.

Por tonelada de soja con entrega en el corto plazo las fábricas trabajaron sobre un valor próximo a $ 830 en San Martín, San Lorenzo, Ricardone, General Lagos, Villa Gobernador Gálvez, San Jerónimo y Timbúes

Está claro que estos precios dejan mucho que desear.

Pero peor es aún el cuadro si comparamos lo que paga el mercado con los datos que la propia Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos informa sobre el valor FAS teórico de los granos.

En el caso de la soja gira en torno a $ 910 por tonelada.

Al comparar el precio sobre el que trabajan los mercados locales con el FAS teórico, hallamos una brecha del orden del 8%.

Sí, señores, hay un castigo adicional al derecho de exportación del 8%. Son 8 puntos que, en rigor, se suman a los 35 puntos de la retención.

En blanco y negro, sin anestesia; el productor hoy está pagando una retención igual o superior a la que estaba sujeto durante los días del conflicto después del 11 de marzo pasado. Increíble… ¿no?

¿O acaso nos equivocamos con la apreciación? ¿No estamos acaso en una alícuota cercana al 43%?

Todo ello sucede por la incertidumbre que las autoridades han regado a lo largo y lo ancho del mercado local a través de una imprevisible, propia de una autoridad de poder absoluto. O algo semejante.

Hablamos de Yoga, porque el cuadro internacional sigue mostrándose positivo para la demanda. No divisamos un futuro oscuro. La demanda traccionada por

China, India y el Sudeste Asiático siguen su camino, con vaivenes, pero en una sola dirección: más consumo para sus habitantes.

Los precios no tendrían por qué caer abruptamente. Es cierto que durante mayo y junio asistimos a una suerte de burbuja, generada por el temor a una caída del valor del dólar.

Pero también es cierto que existen factores que permiten un suave optimismo. Se trata de un optimismo para quien tenga suficiente espalda financiera y, por ello, que pueda vender-fijar cuando conviene. Porque volatilidad va a haber mucha. El mundo, hoy, camina sobre un flan.