Al margen de los apoyos y de las críticas que recibirá, esta determinación le permite al gobierno nacional retomar la iniciativa política y salir de la parálisis en la que se lo percibía tras la resonante derrota parlamentaria por las retenciones móviles a las exportaciones agrícolas.

Con este anuncio, el Poder Ejecutivo aspira a empezar a dejar atrás el aislamiento financiero internacional que acosa al país, de cara a un 2009 en el que crecerán los vencimientos de la deuda pública y en que substirá la incertidumbre sobre los precios internacionales de las principales exportaciones argentinas.

Pero también entre los propósitos del Gobierno surge con nitidez la idea de evitar cualquier tutela del Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo que hubiera tenido que auditar la economía de la Argentina si se negociaba una refinanciación de la deuda con el Club de París, tal como lo establece el estatuto de esta corporación de países.

El gobierno kirchnerista nunca quiso advertir que el mercado es un prestamista mucho más cruel que el FMI o algunos de los países que componen el Club de París.

¿Quién es, en efecto, más cruel? ¿Quien compra nuestros bonos de deuda, en medio de gestos elogiosos, a una tasa de interés anual cercana al 15 por ciento en dólares? ¿O un organismo de crédito internacional que presta a tasas apenas mayores al 5 por ciento?

Para los Kirchner nunca hubo dudas. Prefieren endeudarse con gobiernos amigos, como el de Hugo Chávez, aunque la tasa de interés resulte el triple de las tasas preferenciales del FMI.

Más de una vez, Néstor Kirchner se refirió despectivamente a "la derecha" para cuestionar a algunos de sus rivales políticos. Tal vez sin preguntarse si cancelar anticipadamente y al contado deudas con el FMI o el Club de París es de derecha o de izquierda.

En tren de contradicciones, es altamente probable que el Congreso de la Nación apruebe el decreto emitido por Cristina Kirchner para cancelar la deuda con el Club de París, como lo hizo casi tres años atrás cuando se le pagó al FMI, pese a que muchos de los legisladores actuales aplaudieron hacia fines de 2001 a un presidente temporario que acababa de anunciar que la Argentina dejaría de pagar su deuda externa.