Es decir podemos evaluar que posibilidades hay de que hasta esa fecha los trigales cuenten con la humedad en profundidad necesaria para desarrollarse satisfactoriamente.
Como puede observarse, la estadística es contraria a una mejora sustancial de las reservas para los trigos de la franja central. Debido al déficit actual, la necesidad de precipitaciones supera holgadamente la oferta normal y condiciona la potencial recuperación. A pesar de que la tendencia marca un probable normalización de las precipitaciones durante el mes de septiembre, los cultivares de trigo seguramente mostrarán una gran variabilidad en su estado, predominando la condición regular. Un escenario con precipitaciones por encima de las normales es el necesario pero no el más probable. Si bien no se descartan eventos anómalos, no es razonable contar con su aparición para proyectar la evolución de los trigales de la franja central.
Queda claro que el panorama es muy distinto para los trigos del sudeste bonaerense, el cual igualmente para fines de septiembre esta en estadíos de menor demanda hídrica que los de la franja central.
La figura también presenta la probabilidad de alcanzar humedad superficial suficiente para implantar un maíz hacia el 15 de octubre. Como se ve, la situación es más favorable. Para entonces se espera que la normalización de las precipitaciones se haya afianzado y con ella las recargas del perfil sean más evidentes.
En conclusión, es probable que la floración del trigo de la franja central no pueda eludir los inconvenientes que causa un suelo con ajustadas reservas profundas y seguramente tendrá inconvenientes para lograr los rindes medios. Esto tenderá a definir una fuerte reducción respecto de la producción record que se observara durante la campaña pasada. Por otra parte el panorama se vuelve más alentador para las siembras de la gruesa, la cual como mínimo presentaría una sustancial mejora en las reservas superficiales y una progresiva recuperación de la humedad profunda.
