Se aprobó, días pasados, una ampliación del plazo para que el exportador cumpla con el ROE Verde, una vez expedido. La medida, en principio, intentaría agilizar las operaciones con el exterior.

¿Es una buena noticia? Veamos.

Ahora, el plazo es de 180 días en lugar de 45 días, al menos para la soja y el girasol.

Claro que para que el exportador pueda “beneficiarse” con el nuevo plazo, éste debe hacer efectivo el pago del derecho de exportación vigente dentro de los dos días de aprobada la DJ.

Ello, en buen romance, implica que el exportador deberá pagar por adelantado el importe correspondiente al derecho de exportación.

Es un montón de plata. Acá hay un adicional financiero… ¿Quién va a sufrir el golpe? Adivina, adivinador: el productor. Este deberá soportar la carga financiera que implica este adelanto por parte del exportador.

Siempre lo mismo: los genios de escritorio disponen, y el que produce paga como resultado de mayores reglamentaciones. La teoría de la cadena se cumple casi invariablemente: lo que afecta a un eslabón corre raudamente hacia el agrícola, que suele ser el jamón del sándwich.

El gobierno muestra la ayuda: un manto de protección hecho de plomo que, si bien cubre del frío, inmoviliza por su peso.

La medida está diseñada para los objetivos fiscales del gobierno; para hacerse de fondos rápidamente. Con la excusa de la cuestión logística portuaria, recauda antes.

Si había un diferencial entre el precio que podía pagar el exportador y el que realmente pagaba, ahora no se advierte que, con esta medida, vaya a cambiar mucho la cosa.

En tanto, el mercado internacional da que hablar. Unos dicen que se terminó la bonanza y, así, algo fatídicos, anuncian una caída en los precios.

Otros sostienen que la mejora vino para quedarse. Y, así, predicen que después de estas bajas de la semana pasada, vendrá un repunte.

¿Qué podemos decir nosotros desde esta columna?

Vamos por pasos.

Allá por abril, comenzó un proceso de suba, acompañando al petróleo. Esta alza estuvo potenciada por los fondos de inversión que, ágilmente, responden a las nuevas tendencias.

El factor bajista de los últimos días fue el precio del petróleo. Cayó mucho y también lo hizo el oro así como lo hicieron la plata y los títulos financieros ligados a las monedas, al tiempo que el dólar mejoraba en su valor.

Los fondos, durante las últimas semanas, empezaron a salir de los mercados agrícolas. Este comportamiento se funda en la idea generalizada de que el dólar no seguirá devaluándose.

Y así los precios cayeron, pero nunca a los niveles previos al inicio de este proceso alcista.

Sin embargo factores tales como los fundamentos alcistas provenientes del consumo de Asia y de la necesidad de biocombustibles a nivel mundial a lo que se agrega la oferta agrícola mundial que se muestra relativamente rígida frente a las mejoras de los precios siguen vigentes.

Por ello, los precios no cayeron más. Y así al comenzar la semana volvieron a la suba. Tal como lo predijimos en el último informe.

Hoy martes 19, la soja alcanzó $900.

¿Hasta cuándo puede subir? ¿Puede durar el nuevo nivel? ¿Volverán a caer los precios?

Estas preguntas nos carcomen. Sin embargo, desde esta columna sospechamos que los precios seguirán sostenidos por un buen tiempo. Nada indica que de los precios bajen a los promedios históricos. Y hay elementos muy fundamentados para pensar que el promedio de los próximos precios se mantendría en algún punto superior.

¿Lo volvemos a decir? Seguramente, no volverán a los altos niveles de julio, pero tampoco caerán abruptamente.