La respuesta sólo puede estar en el conflicto personal del Presidente entre lo que quiere hacer y lo que debe hacer.
Sea como fuere, lo cierto es que el Presidente está haciendo uso de su última oportunidad, que es también muy breve, para tomar decisiones acertadas. Si se demorara o se equivocara, lo espera sólo un urgente llamado a elecciones presidenciales, tras el desgaste al que él mismo se sometió en los últimos días, tal vez innecesariamente.
La presencia de los gobernadores peronistas anteanoche en Olivos pareció una asamblea dispuesta a decapitar a los candidatos de Duhalde para suceder a Remes Lenicov. De hecho, degollaron sin piedad a Alieto Guadagni, quien ya había recibido la información necesaria de la transición por parte de Remes Lenicov y había ofrecido cargos para su futuro equipo.
Pero la asamblea de gobernadores, que apareció primero cruel y sanguinaria, terminó convertida en la única instancia sensata de la política. Los mandatarios no sólo vetaron a Guadagni, sino también al propio Duhalde como ejecutor de una política heterodoxa y transgresora.
El Presidente tenía un "plan B". En la noche del martes les anunció a los gobernadores de manera frontal ("Voy a cambiar la política económica", empezó su discurso) y recitó una serie de medidas que tenían más que ver con cierto dirigismo que con el programa de Remes Lenicov. Anticipó también un cambio integral del gabinete en esa dirección.
Tres gobernadores lo cruzaron al principio y después se sumó el resto. Fueron los de Córdoba, José Manuel de la Sota; el de Buenos Aires, Felipe Solá, y el de Salta, Juan Carlos Romero.
El mensaje, según recordó uno de ellos, fue
el siguiente: la Argentina debe progresar hacia el capitalismo; no hay
capitalismo sin inserción en el mundo, y no hay inserción en el mundo sin
tener en cuenta la actual debilidad argentina en el exterior, donde le es casi
imposible fijar una política propia.
* * *
A la mañana siguiente le dijeron lo mismo el gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann; el canciller, Carlos Ruckauf, y de nuevo De la Sota.
Entonces, Duhalde debía volver a Remes Lenicov o a su política. Los gobernadores, asustados por las ambivalencias presidenciales y la profundidad de la crisis, firmaron el documento de ayer, que es, en síntesis, la mejor invitación política a Remes Lenicov para que regrese al Ministerio de Economía o a la Jefatura de Gabinete.
Cuando Remes Lenicov leyó ese documento, que contiene el compromiso firme de las provincias para llevar adelante todas las decisiones que venía suplicando el ministro renunciante, éste se lamentó: "¿Por qué no lo firmaron el jueves, antes de que yo viajara a Washington? ¿Por qué debió pasar lo que pasó para que entraran en razón?"
Remes Lenicov se equivocaba. Era Duhalde el que no estaba convencido de las bondades de sus propuestas, hasta que se estrelló contra el muro de los gobernadores. Ni las leyes ni los acuerdos bilaterales con las provincias ni los bonos habían tenido a un presidente militante detrás de ellos.
En rigor, Duhalde creyó que el Fondo Monetario
Internacional estaba ganando tiempo para seguir diciendo "no". Sin
embargo, Remes Lenicov les informó a los gobernadores, y al propio Duhalde más
de dos veces, que el acuerdo con el Fondo está "al alcance de la
mano" y que hasta había buena predisposición del jefe del organismo,
Horst Köhler, para rediscutir algunos porcentajes menores en el superávit
primario del presupuesto o en el nivel de déficit de las provincias.
* * *
Köhler le recordó a Remes que la Argentina puede entrar en default con el Fondo a mediados de mayo. En la historia del organismo, sólo dos países han repudiado la deuda con el FMI. Los dos pertenecen al Africa subsahariana.
Duhalde es un peronista y terminó optando por la conservación del poder, aunque deba contradecir en los hechos a sus propios pensamientos.
Le calza mejor en su estructura de ideas una política más distribucionista, con cierta dirección del Estado, y hasta de "autogestión" nacional, como él suele definirla. Tiene un problema: no hay nada para distribuir ni cuenta con un Estado para dirigir.
Desde Paul O´Neill hasta Anne Krueger, que lamentaron la salida de Remes Lenicov, hasta los gobernadores y senadores peronistas, y buena parte del establishment local, querían anoche el regreso definitivo del ministro renunciante a alguna función ejecutiva, que no podía ser otra que el Ministerio de Economía o la Jefatura de Gabinete. Duhalde mismo le había ofrecido a Remes Lenicov rechazarle la renuncia.
Pero Remes Lenicov es un hombre especial. Con sus modos imperturbablemente cordiales, con una serenidad a prueba de crisis y de presidentes, tiene una voluntad inquebrantable una vez que ha dicho "no".
Parte del propio entorno presidencial labraba anoche una fórmula que lo contuviera en el Gobierno. Pero el optimismo tenía una dosis similar a la del pesimismo sobre el éxito de esa gestión.
Los gobernadores dejaron Olivos con la impresión de que el país -y ellos, sobre todo- debe llegar a las elecciones del próximo año, pero también con la sospecha de que el Presidente, tironeado por convicciones y deberes diferentes, podría dificultar seriamente ese objetivo político.
Ninguno podía explicarse por qué los
gobernantes argentinos terminan siempre en las profundidades del abismo, antes
de vislumbrar la sensatez.
LA NACION | 25/04/2002 | Página 0 | Política