Puede ser que lo correspondiente a la puja entre dos sectores, que se disputan una determinada porción de la torta, haya quedado, ahora, en el plano de la discusión.
Pero la realidad es que la protesta del agro ha excedido los puntos que originalmente estaban en debate.
El campo, a medida que transcurría el conflicto, fue tomando conciencia sobre su peso y, lo que es más gravitante, sobre su capacidad de reacción y, por ende, de presión.
A partir del conflicto se ha expuesto un problema que, soterrado desde hace meses, no se vislumbraba fácilmente. Una cuestión institucional, derivada de un gobierno que se debilita en su afán de incrementar su poder, obsesionado con fortalecer su hegemonía política, apareció de golpe.
Es obvio que el esquema del gobierno se basa en mantener una caja fiscal con cuantiosos recursos.
Como el gasto público sigue creciendo, y de manera irresponsable, ya que buena parte de éste va a dar al clientelismo y al mantenimiento de una estructura de poder centralizada que se focaliza en lograr obsecuencias, el balance se pone día a día más complejo. Así, el gobierno busca hacerse de fondos.
La situación financiera del gobierno habrá de mantenerlo ávido de alcanzar nuevos recursos, y por ello, se puede decir que la cuestión no está finalizada.
Hay un punto central, que el agro debe tener en perfecto conocimiento, relacionado con el valor del dólar que éste cobra por cada tonelada producida. Porque él es el lado débil de la presión fiscal.
No es cierto que el dólar hoy esté por encima de la época de la Convertibilidad. Sí, señores, el valor del dólar hoy es más bajo.
Veamos lo afirmado tomando como ejemplo la soja, el grano más relevante en la producción agrícola.
Durante la Convertibilidad, la retención era, para la soja de tan sólo 3,5% y el dólar valía $1. Pero este (1) peso equivale en término adquisitivos a lo que hoy serían aproximadamente $3,30.
Así es: para comprar lo mismo que con 1 peso de los noventa, actualmente se necesitan $3, 25. Para hacer este cálculo se toma en cuenta la inflación interna y la inflación internacional (sobre la base de la correspondiente a EE.UU), desde aquella época a la fecha.
Como la retención durante la Convertibilidad era de 3,5%, si al valor del dólar ($3,25) le restamos tal porcentaje, nos queda el valor del dólar de la Convertibilidad traído a la fecha, esto es: $3,13.
Veamos cuál es la situación ahora. El dólar actual ronda en $3,02 por unidad.
Si a este valor le quitamos la retención actual -que es de 35%-, nos queda que el dólar para la producción de soja es de tan sólo $1,96. ¿Qué tal?
En el negocio de la soja, durante la Convertibilidad, un dólar, en pesos de hoy, valía nada más y nada menos que $3,13. Y, hoy por hoy, vale apenas $1,96.
Por ello, es muy difícil sostener la necesidad de aplicar retenciones. Ya el nivel actual es alto y es relativamente soportable porque los precios internacionales, aún con las recientes bajas, son elevados.
Pero nada asegura que estos niveles internacionales vayan a continuar por mucho tiempo. No es probable que caigan a los valores que rigieron en los años 2.000 y 2.001, pero, tampoco, resulta muy probable que se mantengan en los actuales niveles por mucho tiempo más.
Curiosamente, por la propia acción de la 125 que desató el conflicto, los precios internacionales subieron. En gran parte, las bajas recientes, se excusan en la paulatina normalización del mercado local.