Hasta el día 25 de junio pasado, según información de la BCR, las empresas exportadoras habían comprado cerca de 12 millones de toneladas de maíz.
Si bien la cifra es menor a la correspondiente al año pasado, un análisis más detenido muestra que, en los días posteriores a la salida del paro, se aceleraron las compras. Se trata de un volumen que muestra que en los últimos días los habrían comprado más que en el año anterior.
Este incremento en las compras del sector revela la imperiosa necesidad a la que están sujetos los exportadores por haber pasado tantos días con el mercado paralizado, y, por ello, no pudieron hacer honor a sus compromisos de exportaciones. Este comportamiento, derivado del conflicto, tiene cola, pues afecta a los mercados de compra del exterior y genera cuantiosas sumas por gastos inherentes.
Quien pueda darse una vuelta por los puertos, recibirá una sorpresa
alarmante. Por no tener mercadería, hay una enorme cantidad de buques graneleros
aguardando turno para cargar. En tanto los costos siguen subiendo.
Para lo que resta del mes, habría hay que realizar muchos embarques que alcanzarían a un volumen próximo a 2 millones de toneladas de maíz. Saldrían, en su mayor parte, de los puertos de río arriba, básicamente de la zona de Rosario. El mes será agitado.
Mientras tanto, todos hablan de la soja. Y no se acuerdan mucho del maíz. Cada vez que hay un aumento en el precio internacional, las retenciones suben. Y así el precio se ve castiga con el adicional de un dólar más bajo.
Con el esquema de movilidad, las mejoras de precios internos quedan impiadosamente limitadas. Así ¿de qué sirve entrar en el mercado de futuros?
Pese a los rimbobantes anuncios del 11 de marzo pasado, con relación a la presunta estrategia de promover la implantación de maíz, la realidad es que desde esa fecha la alícuota subió alrededor de 8 puntos… Linda forma de incentivar una producción.
En tal caso, lo lógico es aguardar para esta campaña una disminución en el área de siembra. En definitiva, los costos directos para hacer maíz rondan en torno a u$s 400/430 por hectárea. Es un monto que el productor debe financiar, en un momento de enorme inestabilidad y sin reglas claras.
Se calcula que una hectárea de soja requiere un desembolso de aproximadamente u$s250/280 por hectárea, como costo directo.
La diferencia juega a favor de la soja. Y por lo tanto, la balanza no dudará.
Para peor cada vez que suben los precios en el mercado internacional, aumentan también todos los insumos.
Los precios de los agroquímicos, fertilizantes y semillas están en sintonía con los valores del petróleo, que no hacen otra cosa que aumentar. Se aguarda que en poco tiempo más supere el nivel de u$s150.
Además, la cama de siembra no está de parabienes. La falta humedad es una constante, y por lo tanto un riesgo más.
Para colmo de males, la política cambiaria ha dado un giro. Es que el gobierno, a través de un Banco Central obsecuente, está induciendo a la baja del valor del dólar.
Después de haber pasado el nivel de $3,20, ahora apenas roza los $3. Se espera que este valor baje a cerca de $2,90.
Esta estrategia cambiaria se convierte en una suerte de “retención adicional” ya que reduce, sustancialmente, el precio en pesos del maíz y de los otros granos.
Así las cosas, el cuadro de corto alcance es durísimo.
La suba de las tasas de interés, una plaza totalmente “seca”, y la incertidumbre reinante aseguran un invierno muy cruel, por lo que uno de los que más va a sufrir es el área de siembra del maíz, que exigen un monto más elevado en términos comparativos de inversión para la campaña que arranca en agosto- septiembre.