¿Quién va querer vender cuando no sabe cómo va a seguir esta película?
En medio de la discusión por Resolución N° 125, los productores están sentados a la espera de novedades. Tan sólo hacen operaciones para responder a sus necesidades de caja.
Y en este ambiente, el precio local de la soja se aproxima a $900 por
tonelada. Un precio que no condice exactamente con los vaivenes de Chicago. Ello
es así porque hay una necesidad concreta por parte de los exportadores y de las
industrias aceiteras a las que les urge hacerse de mercadería. Por eso, el
mercado local muestra firmeza, claro que con precios sujetos a un nivel de
retenciones de aproximadamente 47%. Flor de quita…¿no?
Claro está que en lo que se refiere a la exportación, la cuestión es más compleja todavía.
Acá, el freno fue más brusco todavía que en el área de los productores. Las operaciones de comercio exterior son casi invisibles. La verdad es que desde el momento que aparecieron varias resoluciones por las que se haría evidente que la liquidación de derechos de exportación debería calcularse de manera distinta a la forma en que se realizaba.
Este ambiente de incertidumbre sobre cómo debería haberse determinado los montos por derechos de exportación detuvo en forma violenta las exportaciones.
¡Todo un entuerto! No hay área en el proceso de comercialización que se mantenga dentro de un marco claro.
El proceso de formación de precios ha sido tan afectado que las dudas sobre cuáles serían los verdaderos niveles crecen día a día.
En el frente interno, por ahora, lo que hay es inestabilidad. Pero en el externo, las cosas siguen favoreciendo a los precios de la soja.
Hay cuatro elementos que presionan a la suba de los precios de la soja.
En primer lugar, está el precio del petróleo que no afloja.
En segundo lugar, hay que considerar el valor del dólar. Sigue su marcha en baja y ello estimula el aumento de los precios de los productos agrícolas, no sólo por el lado de la demanda para alimentos y biocombustibles, sino, también, por su condición de commodities que permiten operar como refugio de los ahorros.
Mientras tanto la oferta futura de soja está bajo un verdadero interrogante. Como sabemos, las lluvias en EE.UU. han retrasado mucho las siembras de soja. Según estimaciones, habría una superficie de más de 2,5 millones de hectáreas sin sembrar todavía. Es mucho. Estamos hablando de unos tres millones de toneladas que no se cosecharían.
En un contexto de stocks reducidos es grave.
A ello hay que sumar la sequía en la Argentina que está afectando la siembra de trigo. Ya se puede hablar de un 20% de reducción en el área de siembra.
¿Qué tiene que ver esto con la soja? Tiene que ver mucho pues donde no se hace trigo, no se va a hacer soja de segunda. La cuestión es saber si allí va a haber maíz o soja de primera. Lo que si tenemos claro es que la superficie de soja de segunda va a rebajarse.
La cosa sigue bien en el plano internacional. Algo bueno, por lo menos...