No se ve porque está en el círculo que traza el Presidente del partido gobernante y está dirigido a juntar voluntades detrás de la reafirmación de la famosa resolución ministerial 125 de marzo pasado.

Por eso los piqueteros se adueñaron de la zona del Congreso en Buenos Aires. Utilizar los piqueteros al gobierno le sirve, o al menos esto es lo que piensa. De esta forma pretende presionar sobre los congresales a fin de compensar o, quizás, superar la fuerza de los productores agropecuarios.

El gobierno quiere que el tema se trate a “libro cerrado”. Al mejor estilo, Luis XIV. Cuando las cosas son tan duras, terminan quebrando. Por la rigidez que él inauguró, la cabeza de su nieto rodó sin compasión.

Los cálculos realizados, con antelación a la decisión gubernamental de mandar la resolución al Congreso, no parecen coincidir con la realidad posterior.

Cada vez se hace más patente que los legisladores, bajo la presión de la gente de los lugares de donde proceden y, en definitiva de quienes pretenden representar, quieren mostrar algún grado de independencia respecto al poder central. Es una cuestión de imagen necesaria para sobrevivir en el medio político.

Más que interesarles cuál es la mejor propuesta para el país, les preocupa salir bien parados del brete en que los puso la Presidenta cuando envió la cuestión al Congreso.

Ahora les está tocando a los diputados. Ellos representan al pueblo, pero, parece que más bien se representan a sí mismos pues no dejan de escuchar las voces oficiales. Pero se dan cuenta de que son como cantos de sirenas que los llevarían al naufragio.

Ellos saben muy bien que pertenecen a una comunidad donde son fácilmente identificables y que les será demandada su acción a favor de las localidades de donde vienen.

En este contexto, la estrategia gubernamental se está pareciendo más que nada a un boomerang. El gobierno puede haberse metido sólo en la trampa.

El cuadro que presenta la Argentina es patético. Más que un país, parece un gran circo. Pero sin la alegría propia de cualquier circo, sino con la triste realidad de una nación que dilapida su gran oportunidad al tiempo que mantiene uno de los índices de pobreza más elevados del mundo.

Estamos metidos en un gran circo donde los payasos pueden resultar más peligrosos que los leones. El orgullo nacional está arrasado; es menester sacarlo del sótano y levantar la bandera del trabajo ordenado.

Urge que todo aquel que sea comprendido como parte del agro se aleje de las manifestaciones coronadas con carpas y efectos visuales. Nada de carpas, es hora de racionalidad y mesura. Esta es la mejor estrategia para avanzar en el camino iniciado en el Congreso.

La paciencia, como arte de la espera y la mesura y la templanza, como forma de acción, al servicio de un objetivo, deben cimentar la voluntad del agro. La impaciencia demostrara incapaz a quien se vanagloria de poderoso.

Aquellos que muestren claramente su rechazo al circo y su apego al trabajo serán, a la larga, los que ganen.

Esto no quiere decir que haya que abandonar el marketing político y social. Todo lo contrario hay que continuar con la campaña de difusión masiva.

Es necesario tener un argumento sólido para refutar a pensadores de la talla de Aldo Ferrer y Jorge Gaggero, miembros del grupo Fénix, quienes equivocadamente dan letra a las medidas proteccionistas y prebendarias del gobierno. La apariencia muestra un escenario donde ellos estarían siendo usados por la acción oficial.

Ahora entró en el ruedo la Cámara de Maquinaria Agrícola, así como también la Cooperadora de Productos Alimenticios, COPAL, y eso es muy bueno.

Los eslabones de la gigante cadena agroindustrial se están gradualmente alineando con la posición del eslabón agrario.

En este sentido, muchos intendentes del interior, cerca de cien, irrumpieron en la escena también. Y al hacerlo, mostraron la preocupación de los pueblos.

Ricardo Lagos (h), profesor de la Universidad de Nueva York ha realizado un análisis sobre el tema de las retenciones actuales que ha sido publicado recientemente por la Bolsa de Comercio de Rosario.

Su análisis se efectúa sobre los costos y la rentabilidad del productor en la zona núcleo, suponiendo un rendimiento unitario de 40 quintales de soja (30 para los productores pequeños y 50 para los productores grandes), sobre la base de que la soja tenga un valor internacional próximo a u$s 570 por tonelada.

Y sobre estos cálculos, este economista estima cuál sería el impuesto a las ganancias que efectivamente pagarían los productores. Se trata de una suerte de equivalencia entre la deducción que significan las retenciones móviles más el impuesto a las ganancias y lo que sería el desembolso del impuesto a las ganancias, sin retenciones.

Concluye, con respecto a las retenciones móviles modificadas el 29/05/08, diciendo:. «Por ejemplo, si el precio alcanza los 650 dólares por tonelada, la alícuota equivalente es del 87,77% para el pequeño productor, y del 81,53% para el productor con mayores rendimientos».

Trabajos como éste son los que se necesita ahora.