Vamos a ver que pasaría en los próximos días en lo que hace a recaudación fiscal y en lo que se refiere a la soja. ¿Qué les parece? Veamos…
Después de haber alcanzado valores sorprendentes, los niveles para la soja en el mercado internacional comenzaron a disminuir.
Lógicamente, cuando comenzó a mejorar el clima en el famoso Medio Oeste norteamericano, el nerviosismo del mercado empezó a ceder.
El agua está escurriendo, más ágilmente de lo pensado y, así, los suelos de la zona agrícola de EE.UU. están en franca mejora.
Los campos hoy todavía anegados y aquellos cuya agua ya se ha retirado, seguramente, podrán ser sembrados con soja, ya que el panorama es alentador, pues se espera una pronta recuperación en buena parte de la región.
El pronóstico del tiempo es esperanzador ya que habla de escasas lluvias para los próximos quince días. Quiere decir que la mayor parte de lo dañado quedará subsanado en lo que resta del mes o a comienzos de julio.
De acuerdo a las estimaciones del USDA, hasta el día 15 de junio, casi el 85% del área a implantar con soja ya había sido sembrada. Es probable que, finalmente, se llegue a cubrir con éxito más del 93% de lo planeado originalmente, pese a las adversas condiciones de hace unos días atrás.
Esto no quiere decir que, necesariamente, vengan días de reducción en los valores. Pese a la mejora de las condiciones en EE.UU. no habría que esperar una sustancial rebaja en los precios.
En primer lugar, porque el presunto progreso en el conflicto agrario en la Argentina no es un elemento de gran aporte en la oferta internacional, ya que los productores argentinos venderían su producción con cuentagotas hasta que el cuadro final sea el que ellos esperan desde la implantación de los nuevos derechos de exportación en su esquema de alícuotas variables.
No debemos olvidar que los precios están regidos por expectativas. Y dada la actual y firme expectativa de que, al final de un largo combate en el Congreso de la Argentina, el sector de la producción logre mejorar considerablemente su posición luego del batacazo del 11 de marzo pasado, las ventas a la industria y al sector exportador se mantendrán restringidas.
Por ello, hasta tanto no se sienta satisfecho, el productor operará según sus estrictas necesidades de caja.
Sus ventas estarán supeditadas, casi únicamente, al efectivo mínimo para cumplir con sus compromisos pasados y para afrontar la campaña. Las inversiones que no sean imprescindibles e, incluso, buena parte de las erogaciones para consumo serían postergadas. Quien había pensado mejorar sus instalaciones o, por ejemplo, modernizar su parque de maquinaria habrá de suspender toda erogación.
Junio será, entonces, un mes muy duro para el gobierno del país. Y, seguramente, julio, también.
El ingreso de divisas por exportación de commodities agrícolas estará muy reducido y, por ende, la caja fiscal se verá en aprietos. Veremos cómo se las arregla en este contexto de “seca”.
Pero, para el gobierno, la cosa no va a terminar acá. No sólo tendrá que sufrir una aguda falta de divisas, también habrá de pasar un mal momento por la reducción en la actividad comercial, sobre todo en el interior del país, que afecta crudamente a dos tributos gravitantes como son el IVA y el impuesto a las ganancias.
Fabricantes de maquinaria agrícola, proveedores de insumos en general, concesionarias de pick-up, proveedores de materiales para alambrados, transportes, entre otros tantos, han disminuido su facturación en forma alarmante y ello redunda en los impuestos que deben pagar. Y no modificarán su rumbo por un buen tiempo.
Sigamos con el análisis de los precios de la soja. Existe otro factor alcista, Los valores del petróleo siguen subiendo por escalera mecánica. Fluyen hacia arriba sin visos de parar.
El barril de petróleo del Western Texas Intermediate, hoy supera, el valor de u$s 140. Algo impresionante.
Por ello, el lunes 23 fue un día más bien negativo para la soja en el mercado local, luego de tantos días sin operar. La soja reflejó la natural toma de ganancias a consecuencia del retorno a la comercialización granaria y por el comienzo de la normalización climática en el Medio Oeste estadounidense.
La soja disponible giró en torno a $ 870 para entrega más cercana; otras ofertas quedaron en $ 850 por tonelada.