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La calma ganó el día después de la violencia. Se trata del tipo de tranquilidad que puede darse en un lugar de acción directa, expuesta siempre a las variaciones del nerviosismo en una ruta bloqueada y desbloqueada a criterio de los manifestantes. El Gobierno no disputó nuevamente el control del camino ante la interrupción del tránsito. La Gendarmería permaneció en su puesto de avanzada dentro de un galpón a 150 metros del piquete sin mostrar mucho a sus hombres luego del frustrado desalojo de anteayer.

Para los dirigentes rurales la línea de trabajo pasó por evitar la anarquía interna del piquete más mediático. Alfredo De Angeli tuvo que ponerse duro en ese aspecto, porque sabe que cada movimiento aquí es seguido con inusual atención y quiere disminuir el riesgo de incidentes. Apenas llegó al kilómetro 53 de la ruta 14, pasadas las 16, dio un par de gritos para ordenar una protesta que corría el riesgo de desmembrarse de manera caótica. Decenas de manifestantes se habían colocado delante de un camión de transporte de vehículos que no llevaba carga. La discusión con el chofer se tensó, aparecieron las púas metálicas y las amenazas de golpes. "¿Qué es esto? ¡Acá puede pasar todo el que no lleve granos para exportación, al que no le guste que se vaya a cortar a otro lado!", arremetió De Angeli.

No eran los productores los que decidieron frenar ese camión, sino los transportistas, pero en ese momento nadie sabía bien quién era quién y los ruralistas aparecían sumados al bloqueo en la confusión general. Eso ocurrió durante muchas horas. Decenas de camiones fueron frenados varias horas sin saberse el motivo.

"Este corte es de los productores y vamos a respetar lo decidido por la mesa de enlace. Si los camioneros quieren frenar toda la carga, les vamos a pedir que se retiren", dijo el presidente de la Federación Agraria de Entre Ríos para dejar en claro que en ese enclave manda él.

Los transportistas autoconvocados cerraron el tránsito pesado desde las 9. Los camioneros que eran atrapados en la red de protesta exponían la lógica pregunta sobre el tiempo que demoraría su bloqueo. "No sabemos", fue la respuesta dada por los menos de 10 transportistas que frenaban el paso de sus colegas. El malhumor crecía y los camiones se estacionaron en doble fila para interrumpir el paso de autos y ómnibus. "Vamos a pasar", fue el primer ademán de resistencia colectiva. "Nos tuvieron 16 horas en Chajarí y ahora ustedes no saben a qué hora nos largan, ¿por qué no se ponen de acuerdo?", bramó un camionero. A las 13, el paso se liberó un rato para evitar una pelea.

Sin orden

El retiro de la Gendarmería de la ruta quitó también a los efectivos de esa fuerza que organizaban un poco la ruta y evitaban con su presencia que los camioneros varados bloqueasen los dos carriles. Ahora queda todo en manos de la buena voluntad. Los camioneros aceptan bastante mansamente el destino de espera en un piquete. Sin esa resignación se multiplicarían las bataholas.

Mientras unas 300 personas pasaban la tarde del domingo en la ruta, mate y bandera argentina en mano, los transportistas volvieron a cortar el tránsito a las 15. Quisieron convencer a los productores de sumarse a un bloqueo total. Y sin las cosas en claro, varios se sumaron. Hasta que llegó De Angeli. El dirigente definió que aquí sólo se obstaculizará el paso a las cargas de granos para exportación y al ganado destinado a faena. El propio De Angeli liberó a los camiones detenidos y pidió disculpas a los choferes.

"La protesta seguirá 100 días más si es necesario", afirmó ante su público, para el que estaba presente y para el que lo veía por televisión. Pero el principal motivo de su declaración apuntaba a alertar sobre la sospechosa aparición en la zona de los clavos miguelitos, elementos preparados para romper neumáticos: "Cuidado, porque no pudieron con la Gendarmería y pueden intentar algo con esos ejércitos civiles que está armando el Gobierno".

De Angeli piensa que los productores pueden caer en una trampa de agitadores que armen un incidente. Por eso solidificó el mando de un piquete inorgánico. A las 2 de ayer, en la madrugada posterior a la violencia, LA NACION vio cómo los 15 ruralistas de Larroque que sostenían la guardia de la protesta discutían sobre la metodología por aplicar; unos frenaban camiones y otros los retaban antes de liberar el paso. La tranquilidad siempre es relativa en un corte de ruta.