Quiere decir que su estrategia es la necesaria para ganar o ganar en el conflicto agrario. Es la que sea necesaria para lograr ganar. Al menos, en lo que se refiere al punto de los derechos de exportación.

Ganar o ganar es un juego que conlleva siempre la pérdida en otras dimensiones. Probablemente, el gobierno termine ganando, en el sentido descrito, pero lo hará con un precio muy alto que deberá ir pagando a lo largo de los próximos meses.

Si logra “ganar” en estos términos, lo que el gobierno tendrá en sus manos es una victoria pírrica, es decir una victoria a costa de todo o de casi todo. Recordemos que la expresión viene de la historia cuando Pirro, muchos años antes de Cristo, obtuvo una victoria que dejó sus reservas bélicas devastadas. Por ello, cuando el triunfador consigue un éxito a costa de importantes daños, se suele hacer referencia a Pirro. Respondiendo a las felicitaciones por haber vencido con su ejército, se dice que Pirro, conciente de lo sucedido, dijo: "Otra victoria como esta y estaré vencido"

Habrá que ver si el gobierno en caso de “ganar”, toma conciencia del daño recibido. Pirro, al menos, tomó conciencia…

El campo terminará callando, pero lo hará por poco tiempo. La lección que ha recibido es que, frente a un cuadro mundial de precios auspiciosos, la lucha por obtener mayores recursos fiscales será una constante.

Al menos así lo vemos nosotros, desde la visión que nos permite la posición de analistas.

Tarde o temprano el polvorín se irá aplacando. El conflicto quedará soterrado y la población más urbana creerá que éste se ha terminado. Pero la cosa sólo tendrá un carácter coyuntural ya que a la larga el conflicto emergerá de sus cenizas de la mano del agro que percibe cómo pierde posibilidades en un mundo que lo necesita para amortiguar sus problemas alimentarios y de energía.

En tal caso, el productor agrícola enfrenta un cuadro auspicioso en lo internacional y conflictivo en lo local. Seguramente, el mayor imponderable estará en las políticas económicas por venir.

Si bien lo más probable es que los precios agrícolas se achaten con relación a los actuales niveles récord, la realidad es que no llegará tan bajo como lo estuvieron en los últimos años de la década pasada y en los primeros de la presente.

Esta será la característica de los próximos años. Pero habrá otra más: debido a la caída en las reservas mundiales y a los imprevistos climáticos, que cada vez son más agudos, una cosa es segura: los valores será más volátiles. En tal caso, el que viene será un tiempo para aprovechar cuando los precios estén en los picos. Eso requiere una cierta flema comercial y frialdad a la hora de decidir las ventas.

A estas dos características habrá que agregar otra nueva. Los fondos de inversión en mercados de futuros, con sus entradas y salidas especulativas pondrán un alto grado de adrenalina en los mercados mundiales.

¿Termina acá la enunciación de características del nuevo tiempo? No, todavía hay más puntos a tomar en cuenta. Los precio altos del petróleo, seguramente, seguirán en niveles muy altos y ello acentuará la necesidad de biocombustibles, lo que a la larga asegurará un nivel de precios superior al conocido hasta el año pasado.

Una apreciación sobre el futuro próximo nos muestra una creciente necesidad de cereales, azúcar, oleaginosas y aceites vegetales para producir sustitutos de los combustibles fósiles.

De acuerdo a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), entre los años 2000 y 2007, la producción mundial de etanol se triplicó. De acuerdo a los informes más serios se aguarda que este volumen siga en aumento y que se duplique para el año 2017, a partir del cual la producción sería de casi 130. 000 millones de litros anuales.

La producción de biodiesel tiene va a cumplir un rol central. Aumentaría de 11. 000 millones de litros anuales en 2007 a un nivel próximo a 24. 000 millones de litros en el año 2017. Por ello, las oleaginosas estarán de parabienes.

En medio de tantos cambios, Brasil sería el gran líder. La FAO estima que su producción anual de etanol llegará a 44 000 millones de litros en 2016. Hoy produce apenas 21 000 millones de litros.

Así estamos en el mundo; en tanto, en la Argentina enfrentamos nuevos desafíos. Al campo le queda recoger el guante y apostar al futuro, con inteligencia, frialdad y patriotismo. Para ello deberá elaborar nuevas estrategias productivas (producciones alternativas) y comerciales.