Los camioneros que cortan las rutas en todo el país son el eslabón más débil de la cadena granaria. En general, se trata de microempresas familiares dedicadas al movimiento de la cosecha desde los campos a los acopios, puertos o industrias. La mayoría de estos transportistas manejan su propio camión. Según la Federación de Transportadores Rurales Argentinos, las empresas más grandes del sector pueden tener hasta 10 camiones, pero en casos excepcionales.
Aunque no hay una cifra oficial -ni el Estado ni las entidades privadas llevan estadísticas-, se estima que hay unos 160.000 camiones dedicados al movimiento de granos.
Del sector del autotransporte, es la flota más envejecida. En algunos casos, hay vehículos con hasta 30 años de antigüedad. No son aislados los casos en que, en los puertos, donde son izados para volcar su contenido sobre las cintas que desembocan en los barcos graneleros, estos camiones literalmente se desarman. Uno de los modelos más usados en este ámbito es el 1114 de Mercedes-Benz, que dejó de fabricarse a fines de los 80. El alza de los precios de los granos les está permitiendo renovar y ampliar sus pequeñas flotas, compromisos financieros que ahora no están pudiendo cumplir por la falta de viajes.
Entre marzo y mayo de cada año, durante la cosecha gruesa, los "cerealeros", como se llaman a sí mismos, tienen su conflicto anual con productores, acopiadores y exportadores por las tarifas del flete. Por eso, desde hace algunos años esas tarifas son reguladas por el Estado en varias provincias.
En el orden nacional, buena parte de ellos están representados por la Cámara Argentina del Transporte Automotor de Pasajeros (Catac), cuyo presidente, Rubén Agugliaro, se reconoce como "el único que vio a [Hugo] Moyano manejar un camión, hace 30 años en Mar del Plata". Los "cerealeros" tienen una buena relación con el líder camionero, un aliado en las peleas por el alza de tarifas.