Sin diálogo desde el martes, cuando el Gobierno pegó el portazo por su enojo a las críticas que los dirigentes agropecuarios expresaron en Rosario dos días antes, el conflicto entre las partes, que ya lleva más de 80 días, se agravó a límites imprevisibles. El último capítulo se escribió el jueves, cuando la Casa Rosada anunció correcciones a las retenciones móviles a las exportaciones -el origen de la protesta- que lejos de conformar a los dirigentes, los decepcionó más porque, en rigor "no cambió para nada la situación", dijeron. Consecuencia: el paro sigue hasta las 24 de pasado mañana. Pero ese mismo día se inicia un contundente plan de acciones que incluye manifestaciones frente a las gobernaciones e intendencias del interior. Con la esperanza cada vez más famélicade recibir alguna señal oficial, la dirigencia comenzará también una ronda de encuentros que comenzará el martes, cuando el Defensor del Pueblo, Eduardo Mondino, reciba a los dirigentes de la Mesa de Enlace. Mientras tanto, el interior es un collage de asambleas, concentraciones y cortes de ruta al transporte de granos y hacienda.
Con un final cada día más incierto
Ni el campo ni el Gobierno ceden posiciones en una puja que pronto cumplirá tres meses; el repaso de los últimos acontecimientos tal vez sirva para imaginar hacia dónde conduce la disputa que provoca síntomas de fatiga
Domingo 25. Unas 200.000 personas se manifiestaron en el Monumento Nacional a la Bandera en Rosario para reclamar cambios en la política agropecuaria del Gobierno. La multitud vivió una fiesta en la que los dirigentes ruralistas, que jamás en su vida pensaron ver semejante movilización sectorial, fueron vitoreados. Ninguno de los cinco que hablaron ese día niegan que les temblaron las piernas. Envalentonados, algunos -como el entrerriano Alfredo De Angeli o su jefe en la Federación Agraria, Eduardo Buzzi- se animaron a endurecer el discurso.
Con ese acto masivo, cuya idea surgió de un grupo de productores autoconvocados, el campo envió un mensaje al Gobierno de hasta dónde está dispuesto a llegar y de cuál es su base de apoyo. Para el día siguiente estaba agendada una reunión con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro de Economía, Carlos Fernández, en la que se trabajaría finalmente sobre los cambios medianamente consensuados en materia de retenciones móviles.
Lunes 26. Enojado por el tono de los discursos -pero sobre todo por el volumen de la movilización en Rosario, comparado con la del acto oficial en Salta-, el Gobierno suspendió la reunión y cortó el diálogo iniciado una semana antes, cuando el campo levantó el segundo paro presionado por los gobernadores que apoyan su reclamo, los empresarios de la industria y el Episcopado.
Hasta ese momento, a pesar de que unos hablaban de retenciones móviles y otros de mercados de futuros, habían consensuado -por medio de técnicos y de terceras líneas- algunos cambios en las alícuotas de los derechos de exportación. Sin embargo, aquel jueves cuando se hizo la última ronda de conversaciones -las 16° reunión de dirigentes del agro con funcionarios del Gobierno en tres meses, incluido un encuentro pretendidamente secreto- en el Palacio de Hacienda, los ruralistas se fueron con la sensación de que el Gobierno no está dispuesto a resolver los reclamos sectoriales porque ve en el campo un rival político.
Martes 27. El Consejo Nacional del Partido Justicialista (PJ) acusó duramente al campo de tener "ánimo destituyente", de "agorero y golpista". En la voz del gobernador del Chaco y vicepresidente del Partido Justicialista (PJ), Jorge Capitanich, se habló de un adversario denominado "partido agrario". El presidente del PJ, Néstor Kirchner, no se refiere al conflicto desde hace días, sino a través de voceros como Capitanich, el piquetero Luis D Elía y los números que prepara el presidente de la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca), Ricardo Echegaray, autor de buena parte de las presentaciones de power point presentadas esta semana por el jefe de Gabinete.
Tras el mensaje justicialista -que fue rechazado por algunos gobernadores y dirigentes peronistas-, las cuatro entidades convocaron al tercer paro del sector que terminará el lunes y que incluye el cese de comercialización de granos para exportación y hacienda para faena. Coninagro, la entidad más dialoguista, que sufre la presión del Gobierno sobre todo en su eslabón más débil, la endeudada empresa láctea Sancor, es la entidad más reacia a volver al paro, pero ante la presión de sus propias bases no saca los pies del plato de la Comisión de Enlace. El mismo día se envían pedidos de intervención "de buenos oficios" a la Corte Suprema, los presidentes del Senado y la Cámara de Diputados, el Episcopado y al Defensor del Pueblo. Este último, el primero en responder, recibirá a la dirigencia el martes próximo.
Miércoles 28. El campo anunció la convocatoria a un cese de actividades al comercio, la industria y los servicios del interior, que se realizará este lunes y que tendrá su mayor expresión en la localidad santafecina de Armstrong, donde se espera una concentración masiva. A los dirigentes, que dedicaron algunos días a recorrer piquetes en el interior, les cuesta contener a sus representados, muchos de los cuales quieres volver a cortar rutas.
Jueves 29. El Gobierno anunció unilateralmente una leve modificación en el esquema de retenciones móviles para reactivar los mercados de granos de futuros. La medida no conforma al ruralismo, que ratifica el paro y los campamentos frente a municipios y gobernaciones que comenzarán el martes.
"Ahora, el juego se llama El que pestanea primero, pierde ", dijo una fuente del agro. Es que el conflicto, que pronto cumplirá tres meses, no da respiro. Diálogo de sordos es una metáfora demasiado gastada para definir la relación -por llamarla de alguna manera- entre el campo y el gobierno, pero tal vez no haya otra. El repaso de las últimas etapas de la pelea sirva para pensar por dónde irán en el futuro ambas partes, que ya sufren por igual el desgaste de haber cansado a la sociedad.
Por José Crettaz
De la Redacción de LA NACION