Esta claro: el agricultor desea, además de satisfacer lo que considera justo,
quebrar el avance del gobierno sobre el papel que le corresponde al Congreso.
Por ello, esto viene para largo. Enfrentamos la posibilidad de un escenario
largo y tendido, donde el conflicto será lo permanente, con sus secuelas en lo
comercial, lo político y en materia de seguridad interna, también.
Hay que prepararse para ello y, en lo posible, tomar parte, para hacer de esta situación una suerte de inversión, algo que más adelante puede traer valor. Puede brindar un beneficio. Con la cabeza fría y en busca de la mayor armonía posible. Sin herir, pero con el fin claro.
La mega-devaluación de 2002 dejó, por dos o tres años, un amplio margen para que los derechos de exportación fueran “digeribles” por los afectados, en un contexto de hambre y sufrimiento, que hacía de palanca para la aceptación de estos impuestos de emergencia. Pero, el dólar en términos adquisitivos fue perdiendo valor y así el margen quedó muy reducido. En rigor, hoy el tipo de cambio efectivo real de la agricultura es menor al correspondiente a la convertibilidad.
¿Cómo estamos hoy? Una buena parte de los argentinos no entienden bien qué es lo que se discute pero comprende que algo no anda bien, sobre todo que el gobierno ha perdido capacidad de dirimir conflictos por las vías naturales del Estado.
Es importante que esta parte de la población adquiera mayor peso en el debate que se está dando. Para ello, es necesario que se expanda un programa de difusión sobre el problema y la solución. Si ello no lo hace el agro, no lo hará nadie. Es el eslabón primario el que debe tomar la iniciativa. Los otros eslabones tienen intereses diferentes y, en ocasiones, contrarios.
La sociedad debe “comprar” el mensaje contundente del agro.
El conflicto, en tanto, sigue y se agudiza.
Todo conflicto es una circunstancia especial que, con mayor o menor grado de virulencia, abarca dos partes enfrentadas. Son partes que perciben tener intereses mutuamente incompatibles, ya sea total o parcial contrapuestos y excluyentes, generando un contexto confrontativo de permanente oposición. Esto se advierte con toda claridad desde el 11 de marzo último, pero no es algo nuevo. Estaba en el cofre, cerrado, y ese día se abrió la tapa.
El conflicto visto como un desafío, como un proceso donde se alcanzan nuevas posiciones para lograr las necesidades puede tener, a la larga, una resolución que brinde satisfacción a las dos partes. Es importante tener en cuenta ello. Seguramente, de todo esto va a salir a lo largo del tiempo algo bueno para todos: tomar conciencia de lo que representa el agro en la economía, de todo el país.
El conflicto conlleva un gran beneficio, en el sentido de que ahora en más, la ciudadanía toda, en su conjunto, va considerando mucho más claramente el papel del sector. Pues, a medida que transcurra el tiempo, habrá un resultado de diversidad de perspectivas.
Distintas pueden ser la formas de encarar cualquier conflicto. Frente a un conflicto así de profundo, un gobierno puede adoptar la posición de:
1. Negar/ evitar el problema (perder/perder)
2. Complacer o suavizar (perder/ganar)
3. Dominar (ganar/perder).
4. Comprometerse o compartir (ganar algo/perder algo).
5. Integrar o colaborar (ganar/ganar).
El caso del Presidente de la Rúa es elocuente. Durante su gobierno, el conflicto se manejaba por la posición 1 o la “.
El caso del actual gobierno es totalmente diferente. Podríamos decir que
caprichosamente distinto. En general busca permanecer en la posición 3.
Obviamente la estrategia del gobierno se basa en la tercera, es decir en la de
tratar de dominar apostando a que éste gane y que los gremios del agro pierdan
En síntesis busca la solución recurriendo al poder como autoridad. El gobierno que mostrarse muy firme, e imponer más que conciliar. Para lo cual ha hecho uso y abuso de la dilatación en dar respuestas concretas.
Pero guarda: esta estrategia tiene un lado peligroso para quien la practica. Puede hacer perder la cooperación de los restantes miembros de la sociedad y hacer que quienes lo acompañan pierdan toda iniciativa creadora, llevándolo así a un callejón sin salida, donde la violencia termina imperando.
En tal caso, el agro debería concentrarse en intereses y no en posiciones. Debe olvidarse de las posiciones; un buen baño de agua fría y luego mucho deporte ayudaría para lograr tal cometido.
No hay que caer en la trampa: dejar de lado, agresiones verbales y mostrar firmeza en las ideas.
En tales ideas deben campear las soluciones que hagan factible el acuerdo, sin humillar al gobierno ni dejarlo en la vista de la ciudadanía como perdedor.
No se trata de ganar frente a un enemigo. Se tata de ganar en lo que respecta a los intereses del agro y del país.