El llamado de la Federación Agraria, liderada por Eduardo Buzzi, convocando ayer a un cese de actividades comerciales, industriales y de servicios en todo el interior del país para el lunes próximo, mientras otros dirigentes esperan la posibilidad de retomar el diálogo con el Gobierno, mostró que la unidad de las cuatro entidades ruralistas mantiene una dosis de fragilidad.

La única vez que las cuatro entidades del campo habían confluido en una protesta sucedió en los noventa, en medio de una convertibilidad que arrasó 25% de las explotaciones. Hasta el actual conflicto, llevaban más de diez años sin poder congeniar una posición común: cuando unas decidían pelear, las otras privilegiaban el diálogo.

Intereses comerciales, posiciones ideológicas "irreconciliables", representatividad segmentada y recelos históricos fueron las causas de estos desencuentros entre CRA, la Sociedad Rural, Federación Agraria y Coninagro. ¿Qué las llevó ahora a juntarse? Los dirigentes lo admiten sin disimulo: "No es el amor sino el espanto". Tras cinco años en el poder, el kirchnerismo se ganó rencores desde todos los sectores y la suba de las retenciones colmó el vaso.

La unidad que hoy lograron las entidades -corporizada en la Comisión de Enlace- fue su mejor carta a lo largo del conflicto. En el acto de Rosario, 200.000 personas la festejaron. Nadie reparó que a la derecha del escenario se ubicaban los directivos de CRA y la SRA, y que a la izquierda lo hicieron los de Federación Agraria.

Pero los dirigentes saben que esta unidad es frágil y que surgirán diferencias no bien pueda retomarse el diálogo. Los matices se advierten en sus declaraciones. Buzzi pone énfasis en diferenciar pequeños de grandes productores. Luciano Miguens, de la Rural, frunce el ceño cuando se habla de intervención estatal. Existe, dentro del bloque, una velada interna por ver a favor de quién se define la agenda.

La última escena de esta trama se vio el martes, cuando se anunció este paro y la pelea con el Gobierno llegaba a un pico. Coninagro llevó a la reunión un documento en el que pedían a sus pares que "eviten politizar la protesta". Las suspicacias que desató ese escrito obligaron a emitir un comunicado para desmentir su retiro. Ese día, la mitad de las entidades prefería no volver al paro, y por eso se esperó aquel gesto oficial que no llegó. Llegó, en cambio, la arenga del PJ que los acusaba de "golpistas". Otra vez, los unificó el espanto.