Su autor, el médico cirujano y ahora productor agropecuario Luis María Barreiro, formula un detallado repaso de la historia, su formación personal y concluye con un dramático como esperanzado llamado al Gobierno para que modifique su actitud.

Una generación de argentinos, nacidos con el siglo, entre ellos mi abuelo Don Carmelo, se ilusionaron con Yrigoyen. Eran tiempos de arbitrariedades sociales y laborales inimaginables para nosotros; de fiebre tifoidea, ausencia absoluta casi de servicios sanitarios o de salud. Educación incipiente, universidades sólo en grandes centros poblados.

Trabajaron en el sueño de tener algún día vivienda y leyes laborales; casar a sus hijas con un empleado de correos, del Banco Nación o alguno de los nuevos maestros como un modo de garantizarles el futuro y una vida más digna.

Parieron retoños entre más o menos 1920 y 1945. Entre ellos, mi padre -Pachún-.

Los educaron en escuelas públicas, y alcanzaron la vida adulta con beneficios previsionales, vacaciones pagas y jubilación. El mejor peronismo había llegado.

La educación primaria, el voto universal y las vacunas, ya estaban al alcance de la mano.

Su aspiración más seria había cambiado respecto a sus predecesores inmediatos: ahora la ambición para sus hijos, el sueño, el anhelo era:

"mïhijo el Dotor".

Pertenezco a esta tercera generación que refiero, (1956). Nos criaron en el deber ser, la obligación moral, el servicio y la certeza que el título universitario (de la universidad pública) nos trasladaba casi de inmediato al paraíso. Era sólo cuestión de agregarle sacrificio.

La vida nos tenía deparado otros destinos: Perón era un ángel o un demonio según se lo mirase, algo inmanente y no perecedero. Nunca y siempre estaba volviendo.

De Illia tenemos sólo un vaguísimo recuerdo.

Y llegó el golpe de Onganía. Un nacionalismo que hoy a través del tiempo, hasta parece inocente.

Luego, una vez más, la democracia efímera, pero ahora sí, de la mano de Perón.

La democracia que demostraba sabiduría final en la despedida de Balbín.

"Un viejo adversario, despide a un amigo". ¿Estábamos salvados?

¿Salvados? Dios mío. Isabel, López Rega, la Triple A, Montoneros, Dictadura Militar, Desaparecidos.

¿Y adónde estábamos nosotros? ¡Estudiando medicina! "En el frasco, papá!", como dicen mi hijos (Ana Catalina (22) y Agustín (20).

Cumpliendo con mi deber digo yo. Nos desaparecieron, nos expusieron a la zozobra del Beagle, nos llevaron a Malvinas. Otra vez la democracia.

"Con la democracia se cura, se educa, se come y se trabaja" (Alfonsín).

Inflación, mil planes económicos, de todo tipo. Rodrigazo, Primavera, Sorrouille. "Pugliese y la respuesta de los bolsillos". Tantos, que se desordenan en la mente.

Hiperinflación. Desorden Social, caos. ("El caos es la nada").

La catástrofe educativa, el derrumbe de la educación pública, el descrédito de las instituciones.

Menem, Cavallo, convertibilidad, el Pacto de Olivos. La absolutamente innecesaria reforma Constitucional.

De la Rúa, cacerolazos e incompetencia. La tormenta incesante, Duhalde y luego sí, calma y los buenos vientos globales que llevaron nuestro barco nacional a poder aprovechar su capacidad ociosa instalada y crecer como pocas veces en la historia.

Néstor Kirchner mantenía el rumbo. No fue poco.

Sin embargo, una nueva marejada nos conmueve: un profundo acentuamiento de la pérdida, -en la "práctica" de la República- si es que así llamamos al sistema de gobierno que requiere: elección popular y democrática, independencia de poderes, transparencia en los actos de gobierno y alternancia de los gobernantes".

Y por fin, en el marco de "ella" como tiro de gracia o bendición absurda... "La política argentina y sus políticos en tiempos de la Aldea Global".

Mayo de 2008, es decir hoy: Soy productor ganadero en Lehmann (Santa Fe). Vivo en el campo, como criador de vacas y caballos criollos. En un puesto simple y a caballo como mis peones. Inundación en 2003; sequía en 2004. Un respiro y medio metro de agua en mi casa durante 90 días en 2007. Nunca me fui del campo.

Campo, sí. No tengo 4x4 sino un viejo y querido Jeep que me divierte, pero poseo Internet y banda ancha, lujo del que no me privo. Mi ventana al mundo externo que estos políticos parecen no ver. (El New York Times rescata la organización de los "farmers" argentinos. (In Argentinaïs Grain Belt, Farmers Revolt Over Taxes. http://select.nytimes.com ).

Alguna vez fui -soy- médico cirujano con formación de post-grado en USA y especialista en accidentología. Exitoso, y de overol. Me tocó ver tantos disparates en emergencias y tanto desprecio de los argentinos por la vida propia y ajena que me vine al campo.

Hoy, el Gobierno nacional está, a la vista del pueblo, enfermo de obsecuencias, de bicefalia de poder, de soberbia, de arbitrios incomprensibles, de necedad, de falta de información o exceso de desinformación en su Villa de Olivos, -sede del poder real-.

Gobernadores, senadores e intendentes deambulan "zombies", a espaldas de sus pueblos muchísimos de ellos. Pendientes y necesitados de la chequera del poder central en una obligada genuflexión rentada.

El Legislativo no supo defender su rol ni su dignidad: superpoderes, emergencia económica, ¿emergencia económica con 50 mil millones de dólares en caja?

El Poder Judicial a los tumbos. Leo los diarios y lo intuyo claramente.

Hablo con dolor del Gobierno, pues quien esto escribe es genéticamente peronista. Pachún, hijo de un amigo personal y dilecto de Hipólito Yrigoyen pero orientado por él, ha sido el elector más joven a la primera presidencia de Perón y el elector más viejo a la primera presidencia de Menem.

Preso en setiembre del 55, para parirme en Mayo del 56. ¡Saque la cuenta si soy o no genéticamente peronista! Sé de lo que hablo. Viví 50 años de peronismo, en mi casa paterna. Peronismo visceral, genuino y bien entendido. El y mi madre me enseñaron que no se defiende lo indefendible.

Las dirigencias de las entidades rurales y las entidades mismas del campo, construidas día a día por nosotros, no supieron, no pudieron o no quisieron. Responsabilidad, está claro que nos cabe.

Reflexionen, reflexionemos todos, les ruego: Por este camino estamos nuevamente desaparecidos.

Nos anulan, imposibilitan el desarrollo de nuestros pueblos rurales, siguen concentrando pobreza, insalubridad e inseguridad en los conurbanos. Cercenan nuestro crecimiento y nuestras ambiciones. Y nos vuelven a desaparecer! (Pero esta vez de la aldea global y a todos los argentinos).

Intento comprender y analizar de buena fe las disposiciones con las cuales el Gobierno pretende "beneficiar" a pequeños agricultores y ganaderos (los invernadores, porque de la cría jamás se acordaron. La "fábrica de terneros" se desalienta y fracasa. ¿Qué irán a engordar a futuro?

Soy un estudioso, y a este respecto digo: Mi doble condición de "léido" y "de a caballo" no me da derecho, me obliga, -que es la contracara del derecho-, a decirles: Las disposiciones del Ministerio de Economía son mecanismos lisa y llanamente intransitables para cualquiera y mucho más para el hombre de, en y desde el campo.

Las Resoluciones segmentan y dividen arbitrariamente. Hablan de inscripciones múltiples y complejas, "agremiaciones obligatorias" que llevan a la suspicacia, certificaciones profesionales y colegiadas del ingreso de cada productor y visado de estas por parte de la autoridad comunal. "Presentar papeles en Av. Colón 922 (Cap. Federal) de 10 a 16". ¿Es una ironía? ¿De qué hablan...?

Pero lo más grave, lo tremendo, no es el tramiterío. El meollo, sin embargo -y a mi entender-, está en lo que expresa Mariano Grondona en su columna de La Nación del domingo 27 de abril: ...el campo, además de rechazar las crecientes exacciones, acepta aún menos que se lo "compense" con subsidios que garantizarían su subordinación política, la gente del campo ya no recibiría sus ingresos por la venta legítima de sus productos, sino por haberse transformado en una nueva y vasta clientela política".

De eso se trata exactamente. Son 100 años de dignidad laboral para que nos lleven "a arrodillarnos" al poder de turno.

Traigan al campo un solo político inadvertido que lo ato a la asidera de mi criollo y va a saber lo que es el trabajo y el sacrificio rural.

Les rogamos; les imploramos, -no somos menos hombres ni menos "machos" por eso-, que nos dejen trabajar en paz. Que apliquen más y mejor los mecanismos existentes, combatan la evasión y persigan el pago de los muchísimos impuestos ya existentes. Simplifiquen esa maraña tributaria absurda y verán como aumenta la recaudación sin retenciones anticonstitucionales y confiscatorias.

Como gobernantes son incompetentes o están desinteresados de hacerlo.

Es mucho más fácil un impuesto al precio. Montoya podrá parecer molesto, pero Moreno...

Cuando esto ocurra, podrán entonces sí redistribuir y derramar riqueza e inclusión, -pero riqueza coparticipable-, como lo hacen otras democracias, otros federalismos menos mesiánicos, menos adictos al atril y más apegados al orden y al trabajo silencioso y fecundo, como el del que trabaja la tierra.

Riqueza coparticipable, tangible, verdadera, útil y federal. Como la que soñaron nuestros abuelos.

Luis María Barreiro - Médico y Productor Ganadero