ARROYO DEL SAUCE, Entre Ríos.- Ni uno solo de entre la multitud pareció inmutarse ayer aquí, sobre la ruta 14, ante las advertencias de desalojo que lanzó el ministro de Justicia y Seguridad, Aníbal Fernández, a quienes corten rutas. O no le creyeron o los hombres del campo están dispuestos a bastante más de lo que se cree.

"Que venga Fernández, que se ponga al frente de la Gendarmería y me venga a detener él", fue lo único que contestó a LA NACION Alfredo De Angeli, presidente de la Federación Agraria de Entre Ríos, al frente del piquete agropecuario aquí. Momentos antes, el ministro había sido motivo de burlas y abucheos durante una numerosa convocatoria que reunió no ya sólo a los ruralistas, sino también a gente de distintos sectores, mujeres y chicos incluidos, y que se congregó desde varios pueblos del partido de Gualeguaychú.

La proclama elaborada por todos los manifestantes fue todavía más dura: "Señora Presidenta, usted es responsable de lo que ocurra. Usted genera violencia. Usted no está a la altura de las circunstancias", decía el texto, leído durante el acto.

¿Habrá sido genuina la advertencia de Fernández? "Si no se mueven de las rutas, los moveremos nosotros. Hemos sido muy respetuosos, pero nadie es más guapo que nadie acá", había dicho, horas antes, el ministro al canal de noticias TN. LA NACION se lo preguntó a uno de los oficiales de Gendarmería que está a cargo del operativo sobre la ruta 14. "A mí nadie me dio ninguna orden desde Buenos Aires", contestó. La protesta y los cortes al paso de camiones continuarán hoy.

El calor y el sol volvieron a asfixiar. Ante tanta ebullición, una bandera agresiva y sin verbo pasó casi inadvertida entre las cabezas: "Kristina, resentida, patotera y con sus mercenarios pagos".

Presencia inquietante

El camionero Pablo Moyano sigue ausente, pero su nombre sobrevuela aquí permanentemente, mezcla de bronca y temor. Si viene, todos lo saben, será una catástrofe. Pero el campamento del hijo del líder de la CGT, apostado a 43 kilómetros de aquí, en la localidad de Ceibas, sobre la misma ruta, continúa sólo en carácter de amenaza. No es poco.

"¿Periodista, amigo? ¡No, disculpe!", fue la frase con que un camionero, redoblante en mano, frenó el intento de LA NACION por meter la cabeza en una asamblea en pleno campamento de Ceibas. Siempre es bueno obedecer.

La proclama de los productores no soslayó a los sindicalistas: "Hemos logrado neutralizar las fuerzas de choque del Gobierno, con Moyano, con D Elía, con Pérsico", decía el texto.

La protesta suma nuevos adherentes. Vestido de gaucho, un chacarero con varias décadas, el gesto adusto y reluciente facón en la cintura porta un cartel explosivo: "Fuera montoneros y parásitos del Gobierno. Echémolo (sic) como en 2001. Viva el campo, carajo".

Postales de la rebelión

El asado cruje en las parrillas. Los chacareros convidan a todos. Se quejan ante la cobertura de los medios. Están convencidos de que el Gobierno les pide que no muestren imágenes de la protesta. Lo dijo en público Angeli, a los gritos: "Muestren todo esto y podrán mirar a la cara a sus hijos y decirles: me echaron del trabajo, pero dije la verdad".

El sacerdote Luis Gianot Sueyro, socio honorario de la Federación Agraria, dijo el primer discurso del acto y pidió diálogo entre todos los sectores y la "unión de una Argentina de hermanos". También, encomendar el conflicto a la Virgen María, "que tiene más poder que todos los hombres de la Tierra".

Pero algunos campesinos tienen un estilo menos espiritual. Llaman, por ejemplo, "Carozo" al ministro Martín Lousteau. "Es un títere", explican. Angeli no descarta que Lousteau tenga que alejarse del cargo. "Y..., puede ser el fusible", piensa en voz alta.

El espectro de protesta es amplio. Hay peones, comerciantes, productores, vecinos y terratenientes. Andan en chatas destartaladas o sobre el vehículo más polémico de los últimos 15 días: camionetas 4x4.

Los chacareros se exasperan ante esta sola observación, y se irritaron también anteayer, con la ironía de la presidenta Cristina Kirchner en su discurso, cuando dijo que no todos podían acceder, como ellos, a esas camionetas. "La 4x4 fue hecha para el trabajo en el campo, no para los políticos", se defendió anteayer, fuera de sí, un productor en una discusión con un camionero.

Una referencia puede agregar más color al asunto: en octubre pasado, este cronista vio, estacionado en la residencia que los Kirchner tenían en Río Gallegos, uno de los vehículos personales de la Presidenta. Era una camioneta Honda CR-V, una 4x4 nada despreciable para tareas agropecuarias.

Por Francisco Olivera
Enviado especial