Se nos ocurre un cuento. Un hombre es visitado por otro. Esta es la conversación que surge.

- Hombre de barba: Soy tu Soberano, hijo. Como el precio de los huevos se ha encarecido, ahora, tú ganas mucho. Entonces, habré de tomar, en lugar de uno como es lo usual, dos de los tres huevos que produce tu gallina. Es por una causa justa, el huevo adicional va a ser entregado al pueblo y así éste estará feliz.

- Hombre de manos callosas: Pero mi señor, el huevo que quieres llevar es el que me permite dar de comer a mi gallina y hacer que ella produzca tal cantidad.

- Hombre de barba: Tú eres un ciudadano y debes comprender. Así se hará. El problema del alimento es tuyo y no mío. No debo velar por la salud de tu gallina sino por la de mi pueblo.

Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia.

¿Este es el gobierno de Cristina o es el de los Kirchner?

Todo indica que en rigor, es el de la continuidad. Estamos bajo la K.

Al principio, el Poder Ejecutivo prohibió y luego, minimizó las exportaciones de carnes. Después cayó la guadaña sobre el trigo y a la lechería.

El eslabón agro-primario aguantó la profunda estocada porque los ganaderos, trigueros y lecheros tenían la alternativa de la soja. Y hacia allá se dirigieron.

Pero ahora, la cosa es diferente. Según las autoridades en la actuliadad hay que “desojizarse”. La soja habría pasado a ser mala palabra o algo por el estilo. Las autoridades tendrían la autoridad moral y científica de decidir qué es lo bueno para todos. ¿Es así?

Cuando una persona es empujada hacia el abismo, al acercarse a éste, muestra la fuerza de su instinto. Revela su capacidad de lucha y, si quien lo empuja insiste en su acción, así, ella puede convertirse en un ser muy agresivo, pues nadie está dispuesto a entregar su vida por nada.

Esta persona es, en rigor de verdad, una figura pues la realidad es que los productores de soja y quienes están relacionados -de forma directa o indirecta- con la actividad son muchas. Muchísimas personas. Son hombres, mujeres que trabajan duramente y dependen de ella.

No sólo son muchas. Son personas que viven a lo largo y a lo ancho del país. Están en Chaco, Formosa, Tucumán, Salta, Jujuy, La Rioja, San Luis, Córdoba, la Mesopotamia.... Y, por supuesto, en Santa Fe y Buenos Aires.

Allí hay pequeños y medianos empresarios que hacen patria en remotos lugares donde no llegan muchos políticos.

Son muchas las regiones y los pueblos donde se mueven. Y muchos de éstos “sobreviven” por la soja.

Desde que el kirchnerismo abrió su espacio en la Casa Rosada, la carga impositiva aumentó de forma casi exponencial. Acá las llamadas retenciones cumplen un papel central. Los derechos de exportación representan entre un 12 y un 15% del total de ingresos por impuestos.

Cuando el Poder Ejecutivo dicta medidas, como las de las retenciones, contradice el espíritu de la Constitución. Ejerce, así, una actividad legislativa que le está expresamente prohibida. Si no fuese así, estaríamos en la Francia de Luis XIV.

Es curioso: nos quitamos los Borbones de encima, y ahora tenemos otros con vocación monárquica.

Estos gravámenes están dentro de la categoría de "impuestos aduaneros" o "derechos de aduana", que consisten en gravámenes a la importación o la exportación de las mercaderías.

La Constitución Nacional establece claramente las bases que deben ser respetadas para cualquier tipo de tributo. Así dice: "...Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el artículo 4". Y además expresa: "En todo el territorio de la Nación no habrá más aduanas que las nacionales, en las cuales regirán las tarifas que sancione el Congreso".

No en balde, el gran Joaquín V. González, al referirse a los impuestos escribe que "El más importante de los caracteres de este poder de imposición es el ser exclusivo del Poder Legislativo, como representante más inmediato de la soberanía del pueblo"

En tal caso: ¿cómo es posible que los congresales, senadores y diputados callen frente a los nuevos incrementos en las alícuotas? ¿Cómo se entiende que silencien frente al atropello de los mercados de futuros?

¿Cómo puede comprenderse que, por ejemplo, un senador de la Nación, justifique estas medidas? ¿Cómo puede hacerlo, cuando ellas van en contra de los intereses de su provincia?

Acaso… ¿se trata de una actitud oportunista ya que ellas favorecen a los ingresos de la empresa aceitera que dirige?

No nos engañemos señores. Las alícuotas no son iguales para el campo que para las aceiteras. No juzgamos la estrategia diferencial, sólo denunciamos lo que es.

La actual estrategia impositiva eesponde fundamentalmente a las necesidades de financiarse y a favorecer a determinados sectores industriales y agroindustriales. Y para ello, no duda en quebrar el principio de legalidad en materia impositiva con la aplicación de derechos a la exportación.

Ello induce a los gobiernos provinciales, sea cual fuere su tendencia política, a doblegarse al “monarca”. Por ello, puede definirse a la Argentina como una democracia con rasgos autoritarios.

En este fenómeno el papel central lo tienen los derechos de exportación (“retenciones”), verdaderos impuestos, surgidos de un voluntad central quien, así, determina las ganancias y pérdidas de los integrantes del eslabón agrario y, consecuentemente, de los agentes relacionados. Estos impuestos no provienen de la disposición de los representantes del pueblo ni de los estados del país quienes quedan como convidados de piedra y, por ello, pasan a ser desautorizados en su alta función dado que su sepulcral silencio los hace cómplices del avasallamiento constitucional.

Además de involucrar miles de millones de dólares, tienen el enorme atractivo de una fácil cobranza. Aunque pocas veces se haya explicado, ésta resulta ser una de las razones de su aplicación dado su escaso costo de recaudación. Es fácil su recaudación y, además, incomoda a poca gente. En rigor, los contribuyentes no efectúan el acto de pagar pues, en su lugar, lo hacen terceros.

Las retenciones que cobraría el gobierno central por la exportación de los productos granarios estarían en el orden de 14.000 millones de dólares, todo va a depender de los precios internacionales de los productos a medida que éstos se vayan fijando y exportando.

Con los derechos ser móviles, si el precio del grano aumenta, la retención también lo hace y se pone una suerte de tope en el precio.

La tablita es un cuchillo en el corazón de los mercados de futuros, tanto en los Mercados a Término como en el mercado disponible (operación forward).

En suma: toda negociación queda independiente del factor. Así lo más probable es que no se almacenar el grano dado que el precio va a tender a ser el mismo a lo largo del ciclo.

La BCR lo explica así, “la operatoria pierde flexibilidad y eso va en desmedro del principal sector generador de divisas de la República Argentina. Como los demás sectores de la economía (industria y servicios) son deficitarios en divisas, alterar el buen funcionamiento de los mercados granarios, es alterar también el buen funcionamiento de esos otros sectores, lo que redunda en una disminución de la demanda de mano de obra, en el aumento del desempleo y de la pobreza”.