Aquellos que saben historia dicen que el detonante de la guerra de emancipación de las trece colonias, de lo que actualmente es Estados Unidos, fue la presión impositiva.

El descontento de los colonos a causa de los impuestos provocó el inicio de la guerra de independencia. Cansados de la presión y en protesta por el impuesto al té, en 1773, un grupo de patriotas, abordaron buques británicos y arrojaron al agua, en el puerto de Boston, grandes cantidades de té.

Allí comenzó la subversión al poder central que ejercía el rey británico. Estaban hartos y, por ello, dispuestos a tomar las armas y hacer una revolución.

Y al parecer, la chispa fue un problema de té. Tan sólo eso.

Sin pretender hacer analogía alguna, hoy, está claro que se ha encendido una chispa. ¿Puede que ella detone algo grave?

Si hacemos una comparación histórica, es válido preguntar: ¿es la presidenta un remozado Jorge III?

Más aún: ¿pueden las disposiciones oficiales preparar el terreno para una suerte de subversión impositiva?

Las preguntas que surgen son muchas y habrá que irlas desmenuzando con el transcurso del tiempo.

Sea lo que suceda en los días por venir, lo que parece mas probable es que el conflicto desatado irá “in crescendo” salvo que autoridades demuestren una disposición clara para concertar una salida airosa.

El error político de estas medidas está a la vista. Algo grave puede pasar. El ánimo se halla muy caldeado.

La forma discrecional que el gobierno muestra a diario revela el cuadro de incertidumbre estructural que rige en el país, desde hace unos años, y que va en aumento. La conciencia de esta perversa característica de las autoridades se ha hecho carne en todos los agentes de la cadena agroindustrial y está golpeando las bases gremiales y de los pueblos.

Al mismo tiempo está dejando sin sustento a los gobernadores e intendentes del interior más alejado de los puertos. Así, innumerables agentes de la producción que proveen todo tipo de insumos y servicios al agro están en vilo.

Cuando el gobierno supedita el plano fiscal a consideraciones de orden político, en un acentuado comportamiento oportunista, lo que hace es relativizar el principio de certeza jurídica. Es decir todo lo contrario a lo anunciado recientemente.

La discrecionalidad es, quizás, la forma más perversa de provocar incertidumbre.

La discrecionalidad como forma de gobierno y la tendencia a la sobre-regulación, como estrategia, son elementos característicos de la hora presente, que muestran la debilidad institucional con la que los hombres de agronegocios deben hacer su tarea.

Desde que se comenzara a estudiar la problemática de los impuestos, hubo destacados pensadores que justificaron la evasión, en tanto y en cuanto, éstos no contribuyeran a la equidad y a la justicia.

Sin ir muy lejos, el Papa Pío XII (Parmi les nombreux), al referirse al despilfarro administrativo de los fondos tributarios, expresó: «el impuesto no puede jamás convertirse para los poderes públicos en cómodo medio de enjugar el déficit provocado por una administración imprudente»

El interrogante es siempre el mismo: ¿de qué sirve planear para producir más si por cada unidad de aumento en la producción habrá otro tanto semejante en el de las retenciones? Como la almohada no tiene la respuesta, la gente se pone furiosa.

La incertidumbre derivada de una estrategia que utiliza las retenciones para cerrar las cuentas públicas es la que mayor daño provoca.

En tal contexto, quedan estimulados el contrabando, la subfacturación, la desinversión, deja de ser promovido el proceso de expansión productiva y de la informática y tecnificación en general.

Hoy, como los días anteriores, las bolsas de comercio y cereales del país quedaron paralizadas como consecuencia del martillazo dado por el esquema de derechos de exportación.

Esta suerte de tablita es en realidad un cuadro que pone un cepo a las subas internacionales de precios en el mercado interno. Y así la economía se halla controlada.

Y el certificado de defunción para los mercados de futuros está esperando la firma del forense.

El sistema económico requiere de un sistema de precios. Los mercados de futuros (ROFEX, MATBA, etc.) exigen la evolución libre de los precios. Si la intervención estatal encuadra según su conveniencia dichos precios, los mercados de futuros, igual que los futuros del disponible (forward) pierden su sentido de ser.

Hoy hubo una señal positiva, al publicar en el Boletín Oficial una reducción de apenas el 4 puntos en las retenciones a la exportación de harina de soja y girasol, que con la medida del martes pasado se elevaba a 44,1 y 39,1%, respectivamente.

Pero todo lo demás sigue igual. ¿Que va a venir?

La impresión generalizada es que la chispa ha detonado algo serio. Ahora quienes tomen acción en contra de lo que consideran injusto, probablemente, no sólo vayan por la revocación de las últimas medidas sino por más.

El libro está abierto y el final no se conoce.

Cálculo de los derechos de exportación (retenciones) Al día 15 marzo de 2008

(Datos en base a la BCR)