Al admitir que el dinero que unos años antes habían dicho que estaba repatriado hoy sigue en el exterior, el gobernador santacruceño, Daniel Peralta, trazó ayer una radiografía de una forma particular de manejar fondos públicos.

En agosto de 2005, el entonces presidente Kirchner y el gobernador santacruceño Sergio Acevedo anunciaban con bombos y platillos la repatriación de los fondos a una cuenta del Banco Santa Cruz. En aquella conferencia de prensa dijeron que se trataba de un plan para devolver a la provincia en bonos de la deuda pública los dineros de las regalías petroleras que habían sido girados al exterior. Dos años después, Kirchner expresó desde su despacho de la Casa Rosada que los fondos ya estaban en la Argentina y no dio mayores detalles.

Pero por lo que ayer dijo Peralta a LA NACION, y por los informes del Tribunal de Cuentas de Santa Cruz, buena parte de los fondos permaneció en Suiza y otra parte fue a parar al Tesoro de los Estados Unidos y enjugó parte del rojo de las cuentas del gobierno de George W. Bush, que tantas veces criticó con dureza Kirchner. Una cifra menor regresó al país para paliar el aumento de los salarios de estatales de Santa Cruz.

Nadie sabe qué se hizo con las ganancias que dejaron esos fondos en bancos extranjeros en los últimos años ni cómo fue el verdadero recorrido financiero que tuvo ese dinero público.

Desde la oposición se tejieron innumerables mitos y fantasmas alrededor de esos fondos. Pero las hipótesis nunca tuvieron asidero en los hechos ni en datos concretos, simplemente porque nunca hubo información oficial al respecto. Más bien se vio un retaceo permanente de datos de parte de la gobernación provincial y de la Casa Rosada cuando se abrían interrogantes por el destino de esos dólares.

Tanta ausencia de controles y el sinuoso manejo mediático que se hizo con el origen y el destino de los polémicos fondos santacruceños no hacen más que despertar dudas en la oposición sobre el correlato que este esquema de poder podría tener a nivel nacional. Es decir, si igual tratamiento le cabe al millonario destino de los fondos para la obra pública y para el desarrollo de las redes viales, por poner algunos ejemplos.

Cualquier parecido con la actualidad podría ser pura coincidencia. Pero lo cierto es que aquí sobran coincidencias.

El "doble comando" que acusó Eduardo Duhalde, en referencia al esquema de poder matrimonial de la Casa Rosada, parecería ser un fiel reflejo del "control remoto" que Kirchner impuso desde Buenos Aires al poder de Río Gallegos desde que dejó el poder provincial, en 2003. Este manejo le costó a Santa Cruz la renuncia de tres gobernadores en menos de cuatro años.

A la vez, el esquema de obra pública santacruceña con reparto digitado desde el despacho del ministro de Planificación, Julio De Vido, se repite a lo largo y a lo ancho del país para los gobernadores amigos.

Podrían seguir los ejemplos de un espejo de poder provincial que se potenció en los últimos años en la Casa Rosada y que sigue la misma matriz de conducta de quienes gobernaron Santa Cruz por más de 15 años. Pero en este caso la simple cronología de los hechos resulta ser más gráfica a la hora de hacer cualquier evaluación de manejo de poder.