Por: Luis Ceriotto

Parece una vía demasiado indirecta, ya que mientras una punta del acuerdo (el autopartista) demoraría no menos de tres años, la otra punta (exportar trigo sin restricciones) está al alcance de un decreto.

Sin embargo, en esas dos cuestiones se centran los principales reclamos de la Argentina y Brasil para hacer más fluido su intercambio comercial. Y la cuestión autopartista es la clave que impulsan Martín Lousteau, y el Secretario de Industria, Fernando Fraguío, como tema a resolver antes de firmar un acuerdo automotriz de largo plazo, en lugar de los de uno o dos años de duración, como el que vencerá en junio. Desde mediados de los 80, con los acuerdos entre Alfonsín y Sarney, la industria automotriz ha sido la médula de los pactos comerciales con Brasil.

Tras la reunión de la semana pasada, en San Pablo, Fraguío trajo una agenda que seguirá tratando con su par brasileño, Iván Ramalho, a fin de mes en Brasilia. Fraguío es un ex ejecutivo del Grupo Fiat que alimenta el denominado "Proyecto Motor":

consiste en lograr la radicación de 50 a 60 autopartistas que permitan armar nuevamente motores Industria Argentina.

Si bien Fiat, General Motors y Peugeot producen localmente motores, en Industria creen que lo que se hace es un ensamblado de piezas importadas. "Un motor nacional, debe tener 40% de piezas locales, y no 7%", dicen. El reclamo brasileño de que Argentina sea previsible a la hora de vender su trigo aportó una nueva herramienta de negociación. "Brasil necesita del trigo argentino. Son una gran aspiradora y el trigo local les resulta más conveniente que el canadiense", acotaron fuentes cercanas a Fraguío. También admitieron que la Argentina utiliza la apertura y cierre de las exportaciones como política antiinflacionaria. "En Brasil saben que se aplica para el control interno de precios. Pero ellos pretenden un acceso previsible al trigo", agregaron.