En medio de un clima de cambios permanentes, el pobre trigo, que debiera estar sentado en el sillón real, apenas se mueve en cortos saltos, desde lo más bajo del piso y en medio del fango.

Aumentos de derechos de exportación y cierres de exportaciones son hechos constantes de estos tiempos. Incertidumbre y rumores hacen de este negocio una actividad más para especuladores que para eficientes productores.

Claro está: el trigo es un elemento central en el índice de inflación, y por ello debe ser convertido por la bruja Estado en un pobre sapo. Al menos esta parece ser la visión oficial.

El problema es que si éste fuese príncipe, como le corresponde por derecho, dadas las actuales circunstancias del mundo, hoy estaría defendiendo los intereses del país a través de una mayor producción.

Pero la cosa es distinta. Al dejar su posición real, la producción de este año habrá de caer. No se equivoca la BCR cuando afirma: “Bajo las actuales condiciones, existen severas dudas respecto de la intención de siembra de los productores sobre este cereal”

Como humilde sapo, sólo puede sobrevivir. Y así, en el futuro inmediato, la que pagará los platos rotos será la Argentina.

Baja producción, tirantez con Brasil y puesta en riesgo de la existencia misma delMERCOSUR e imprevisibilidad en las entregas al exterior son los componentes básicos de este nuevo cóctel que, más que una bebida explosiva, se parece a una molotov entre manos.

Una señal más que de alarma; resulta un signo de profunda preocupación la medida tomada por Brasil, recientemente. Acaba de permitir la importación de una cuota de 1 millón de toneladas de trigo sin el arancel de importación del 10%, que es el arancel externo común. Atención, esto es grave.

De este cuadro general interno lo que surge es un mercado desmercadizado, con perdón de la licencia en el lenguaje. El trigo navega en mares peligrosos, de algas profundas.

Así, el mercado doméstico asiste a un cruel dicotomía. Existe un nivel para los productores y otro nivel para el mercado internacional. De más está decir que el internacional es muy superior al primero.

Por las restricciones impuestas, el precio del trigo está desligado del valor FOB menos los derechos de exportación, los gastos portuarios y los gastos comerciales. Una cuenta sencilla sobre un simple papel lo muestra con toda crudeza.

En tanto que acá los precios están enjaulados, los valores internacionales están de parabienes.

La oferta mundial inmediata es ajustada. Además, la volatilidad es moneda constante en los mercados del mundo y la perspectiva de la Argentina disminuya su nivel de producción acentúa la firmeza de los valores.

Y aunque estos precios incentiven la oferta futura en otros países, la realidad es que la demanda no quedaría suficientemente abastecida.

Por si ello no fuera suficiente, la verdad es que hay serios interrogantes sobre las posibilidades de expansión por parte de EE.UU. Si este año no se quiere ver reducidos seriamente los stocks de soja, será necesario que se registre un aumento de superficie.

La cuestión está en ver de dónde va a salir tal nueva superficie para la soja. Si se lo hace a costa del área de trigo, se desvestirá un santo para vestir otro. Y así el precio del trigo tendrá nuevos alicientes a la suba