Para quien no lo tenga tan claro, hay que decirlo con todas las letras: cada año, es más fuerte la subordinación del mundo a la oferta de soja de América del Sur.
Los precios podrán establecerse en Chicago, pero la verdad es que actualmente la oferta de nuestro subcontinente es la que decide, en buena forma, a qué nivel habrán de ubicarse.
Ahora lo sabemos muy bien: la cosecha en el Hemisferio Norte resultará menor a lo esperado. Con la menor cosecha de oleaginosas proveniente de allí, Sudamérica pasará a tener un 65% en el comercio internacional de soja.
¿Qué tal? Algo impresionante. Sudamérica no ganará con fusiles pero con habilidad productiva, lo hace; al menos, en el campo de batalla de la soja.
En tanto, los valores internacionales siguen firmes.
Desde mediados de noviembre, tenemos algo claro: ya sabemos, por un buen tiempo, cómo serán los derechos de exportación. Así que con los registros de exportación de nuevo abiertos, dentro de lo malo, tenemos una certeza, al menos. Sabemos con qué derechos de exportación nos moveremos.
La incertidumbre, ahora, proviene fundamentalmente de afuera. La demanda de los últimos meses por aceite de palma de Malasia y aceite de soja de Sudamérica está de la mano de los importadores deseosos por acumular stocks.
Y todo indica que el cuadro futuro más probable está en una mayor firmeza de precios a consecuencia de la demanda que, además de estar presionada por las necesidades alimenticias, lo está por el uso de los biocombustibles.
En definitiva, lo que hace unos dos o tres meses parecía un imposible ya está en nuestras narices: el precio del dólar está a centímetros de los 100 dólares por galón.
Los precios se están definiendo por las compras especulativas, por la demanda china que sigue fuerte y por la menor oferta de Estados Unidos. A toda esta mezcla hay que agregarle el problema del dólar que sigue en caída.
Vale detenerse en el gigante asiático. China está muy presente en el mercado de la soja y del aceite de soja, porque la cosecha de ese país tendría una reducción de aproximadamente 20%. No es poca cosa. La baja provendría de la seca en el norte y de las inundaciones en el sur de la zona de producción.
Además, acá, la exportación de biodiesel parece estar promovida. Los derechos de exportación del complejo soja y del complejo girasol, están en 35% para haba de soja; 32% para la semilla de girasol; 32% para los derivados de la soja, con la excepción del biodiesel, que sigue en 5% y, además, 30% para los derivados del girasol.
Ahora, sabemos mejor cómo está lo de adentro. Y, si nos paramos sobre los estribos para otear el horizonte, vislumbramos un panorama firme hacia el exterior.
Siendo así las cosas, ¿no sería lógico esperar para vender?