Justo cuando la suba de precios empezaba a dar señales de agotamiento, cayó el baldazo. Y más que da agua fría, de aceite hirviendo.
Fue duro. Sobre todo para la soja.
Aunque no estábamos en medio de las invasiones inglesas, las angustias y bajas fueron, y siguen siendo, muchas.
Quien no debe estar angustiado es el gobierno pues sabe que, ahora, el sector agropecuario pasa a ser su fuente de recursos fáciles; va aportar una cifra próxima a US$ 8.500 millones al año. Todo un número… ¿no?
Desde hace unos días, hay indicios de preocupación por los precios en el mercado de Chicago.
Tanto el maíz como la soja operan en sintonía con el comportamiento del combustible fósil. A su vez, el trigo no recibe buenas nuevas alcistas que permitan mejorar su posición en baja desde el mes de septiembre cuando de llegó a los máximos históricos. El girasol tampoco está afuera. La tendencia es a la baja, por la caída del precio del aceite, sobre todo en el mercado FOB, puertos argentinos.
¿Puede ser que estemos en un tiempo de toma de ganancias? Sí, lo puede ser.
Pero, también, puede tratarse de un paulatino cambio de tendencia donde el petróleo podría estar diciendo “basta de subir”. Resulta difícil establecer cuándo va a suceder ello.
Pero además del petróleo tenemos la cuestión de la paridad del dólar, que está acicalando al mercado de granos. Los commodities subieron, en buena parte, por el hecho de que el dólar bajó frente a las demás divisas. El dólar se ha devaluado como resultado del aterrizaje de la economía estadounidense.
En algún momento la tortilla se va a dar vuelta y, entonces… ¿qué? Que nos va a encontrar con derechos de exportación altísimos. ¿O acaso hablar de un 35% no es más que mucho? Asusta pensar en estos impuestos con un valor de soja próximo a u$s230 por tonelada FOB, Argentina.
Por suerte, por ahora no hay indicios de una baja inminente. Si habría caídas, que en buena parte habrán de tener su recuperación. Y hasta es posible que mejore algo más el precio en lo inmediato.
Si focalizamos la atención en la soja, en definitiva el cuadro de corto plazo continúa favorable.
El alto precio del petróleo y la debilidad del dólar, más el mayor consumo de alimentos empujan los valores para arriba. A ello, hay que sumar los bajos stocks / consumo, y el riesgo climático para Sudamerica, mas las intenciones de siembra para la campaña que sigue en EE.UU.
A comienzos de la semana pasada, los futuros de crudo tocaron nuevos máximos y, por ello, los precios del aceite de soja alcanzaron los niveles máximos de los últimos 33 años. Es obvio que existe una estrecha relación entre el petróleo y la soja, a partir de la producción de biodiesel.
Además el balance 2007/08 continúa muy apretado. Según el informe de noviembre del USDA, se observó un recorte en las proyecciones de producción y rindes de los EEUU para el ciclo 2007/08, cuando los analistas esperaban un incremento en dichas cifras.
La relación stock/uso mundial también caería a 21,13%. El último informe hablaba de 21,75%. Recordemos que el año pasado era de 27,60%
Al cierre de este informe, el día 12 de noviembre, los valores de la soja disponible giraron en torno a $ 760 con descarga inmediata para las fábricas y as ofertas para mayo 2008 quedaron en u$s 234.
Así estamos. No vamos a exagerar y decir que parece la ruleta rusa. Tampoco se puede decir que la situación sea semejante al sube y baja. Más bien, estamos en el tren fantasma.