Se trata de un valor en términos de precios de exportación de alrededor de
tres mil millones de dólares.
En la actual campaña ya está, prácticamente, toda la superficie sembrada y con
gran éxito. Las lluvias están acompañando y hay una buena humedad en la tierra.
Los precios internacionales desde el punto de vista histórico se encuentran en
un estadio muy elevado. Y nuestro país puede sacar provecho de este cuadro
mundial ya que, en definitiva, es el segundo exportador después de EE.UU.
Además los niveles de stocks en el orden mundial no logran reconstituirse.
Bajo tres fuertes presiones, el mercado tiende a la suba en los precios.
En primer lugar, está la demanda para forraje y, en segundo lugar, la necesidad
de mercadería para industrializar etanol la irrupción del nuevo mercado del
etanol.
La actual política norteamericana de sustitución de las naftas por el alcohol
derivado del maíz es un aliciente para la mejora de los precios de este
commodity. Este tipo de políticas son las que vinculan el precio del cereal con
el del petróleo.
Como en estos momentos, el mercado de petróleo ubica a los precios en niveles
próximos a los 90 dólares el barril, el escenario más probable para esta campaña
es de precios internacionales muy sostenidos.
La tercera presión procede del valor del dólar en el mundo. Como pato de la
boda, el dólar es el que recibe los golpes. Su debilidad frente a otras monedas
incrementa las posibilidades de exportación del maíz a países como Japón, por
ejemplo.
Pero ahora acaba de agregarse una más. La demanda tiene otro aliciente que viene
de la Unión Europea.
Se trata del maíz transgénico. Quedaría permitida la importación de tres tipos
de maíz genéticamente modificados en los siguientes 10 años.
Lamentablemente, el intervencionismo sigue haciendo de las suyas y, así, las declaraciones juradas de exportaciones continúan cerradas.
No sólo sufre la rentabilidad del productor, sufre el país, como sistema económico, al no tener una claridad mínima sobre el porvenir. Los precios resultan una quimera, pues no están conectados con el mercado mundial.
La referencia para los precios gira en torno a los valores FOB del maíz argentino al que, teóricamente, podrían ser negociados en el exterior. Así el maíz se ha convertido en una piedra en el engranaje del mercado que, por más chica que sea ésta, grande es el daño.
Haciendo un cálculo, aunque sea precario, desde el nivel FOB para atrás, se llega a un valor de aproximadamente $420. Se trata de un nivel claramente superior al fijado por las autoridades oficiales y al que se realizan las operaciones domésticas.
Las compras de maíz se efectúan sobre la base de la incertidumbre pues los operadores toman en cuenta la posibilidad de un aumento en los derechos de exportación.
Al cierre de este informe (25/10), la exportación operaba sobre un valor de $365 con descarga inmediata y hubo ofertas por maíz a entregar en Mar/Abr’08 a u$s 115.
Así está la cosa: muy enmarañada. Es probable que después de las elecciones haya un panorama más claro. Y si no es probable, es deseable.