Está claro que el mercado interncional sufre fuertes tironeos, tanto desde arrriba como desde abajo. La variabilidad de precios proviene de movimientos técnicos de los operadores que están en una posición muy comprada y las tendencias que se proyectan siguen en suba.

Los stocks mundiales siguen muy por debajo de la media histórica y las posibilidades reales de que levanten, hoy, resulta una utopía.

La perspectiva para Australia es pésima por lo que hay pocas probabilidades de que los stocks mundiales se recuperen en lo inmediato. En este país los trigos están en pleno espigamiento y las lluvias no aparecen. La sequía se ha ensañado con este país, gran productor de trigo, ciertamente, de relevancia mundial.

El USDA lo muestra con toda crudeza: la oferta mundial caería a los niveles más bajos de los últimos treinta años. Hace bastante tiempo que este organismo lo viene prediciendo.

Pero una cosa es el mundo y otra… es la Argentina.

La producción se ve amenazada por la roya. No deja de llover y el productor está sacando punta al lápiz porque deberá afrontar mayores costos.

Se estima que la producción estará en el orden de 14,500 millones de toneladas. Como el consumo interno alcanzaría a 5,2 millones, es probable que se pueda exportar un volumen cercano a 9,3 millones.

Cerca del 65% de este volumen iría a Brasil. Y el resto se repartiría entre Perú, Chile, Colombia y Sudáfrica y algunas compras menores de otros países.

De los que 5,2 millones de toneladas que permanecerían en el país, serían procesados y, así, casi 4 millones quedarían como harinas, de las cuales más o menos el 70% pasaría a ser panificado. Un volumen de 500 mil toneladas de harinas irá a dar al exterior, sobre todo a Chile.

Ahora viene la gran pregunta: ¿cómo sigue el mercado local? Acá las operaciones son escasas y de bajo volumen. La gente sigue esperando que el Gobierno adopte una actitud diferente.

Los precios internos poco tienen que ver con los internacionales.

El trigo argentino FOB rondaría el nivel de u$s330. Si le descontamos los derechos de exportación y los gastos de fobbing el valor local debería estar en u$s 254 que equivale a más o menos $800 por tonelada.

¿La realidad? Es muy distinta, los valores giran en torno a $670 como valor de mercado establecido por el Gobierno y alrededor de $590-595 que es el monto que está dispuesta a pagar la industria molinera.

Al cierre de este informe, al terminar el día 11 de octubre, los valores se mueven así: la molinería paga $ 595 por el cereal con descarga mientras que la exportación trabaja sobre $ 580. Para cerrar negocios sobre el cereal de la próxima campaña con entrega en diciembre / enero ’08 el precio opera sobre un nivel de u$s 185.

Los productores aguardan una decisión política que ponga las cosas en su lugar. Lógicamente espera que los precios internos guarden una adecuada correlación con los internacionales.

El análisis que se hace cualquier productor se basa en la pregunta: ¿por qué un productor de EE.UU. cobra aproximadamente u$s310 y nosotros tan sólo u$s187?

En tanto, los molineros pretenden que los precios se mantengan lo más bajos posibles y los exportadores aguardan que se liberen las exportaciones.

No nos dejemos llevar por espejitos de colores. Un análisis desapasionado mostraría que lo más probable reside en un hecho contundente: cualquier medida fuerte que el Gobierno pretenda tomar será después de las elecciones. Es decir en noviembre.

Así es el negocio del trigo en la Argentina –como el de la carne- está sujeto a la discrecionalidad del político.