En tal contexto, lógicamente, los precios internacionales siguen su camino ascendente. Pero, al mismo tiempo, promueven expectativas -para bastante más adelante- acerca de una mayor oferta futura, una vez que se largue la nueva campaña en el hemisferio norte. Ello sería como consecuencia de un incremento de la superficie a sembrar. Claro está que para el año 2008.

Y para que esto pase todavía falta tiempo.

Mientras tanto, la cosa está que arde. La menor oferta mundial y los ajustados stocks empujan a que aquellos mercados que, en esta época del año, no suelen comprar lo hagan. Y así el cuello de botella se angosta.

Además la demanda se ve estimulada por el dólar que hoy está en un nivel muy bajo respecto a las demás divisas. Cuando el dólar cae, lógicamente, aquellos mercados que utilizan otra moneda, les resulta más barato importar porque tienen mayor poder adquisitivo.

Así es señores. No hay suficiente trigo. Para que tengan una idea del problema que algunos países enfrentan, con estos valores más altos, vale la pena mirar a Rusia. Parece ser que este país impondría una suerte de retención sobre la exportación del trigo del orden del 10%, como forma de reducir el precio interno de este cereal.

Dos grandes jugadores en el partido del trigo son Australia y Francia. Tanto uno como el otro presentan un cuadro de oferta en reducción, por las rebajas que se registran en las estimaciones de cosecha.

El Ministerio de Agricultura de Francia ahora calcula la cosecha del trigo blando 2007 en 31,65 millones de toneladas, cuando antes creía que era 32,9 millones.

A su vez la Australian Bureau of Agricultural & Resource Economics piensa que la producción llegaría a tan sólo 15,5 millones de toneladas. Es un volumen mucho más pobre del que calculaba hace tres meses cuando hablaba de 22,5 millones.

El caso de Australia es particularmente grave pues el promedio anual ronda en 18 millones.

¿Por qué Australia calcula tal reducción? La cosa viene muy difícil allí. Los trigales se encuentran en el período que exige mayor cantidad de agua y las lluvias no aparecen. Y lo poco que se puede registrar es eso: muy poco.

Vamos a Sudamérica. Si hay un jugador que pesa en el comercio argentino es Brasil, dada la diferencia arancelaria, que permite el MERCOSUR, respecto del trigo de otros orígenes.

Allí el cuadro no es muy distinto. El clima seco y las heladas no hab ayudado para que la producción se comporte como lo esperado. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística estima que la producción apenas se acercaría a 4 millones de toneladas. Se trata de un 3%, aproximadamente, por debajo de lo calculado en julio pasado.

Brasil usualmente necesita entre 10 y 11 millones de toneladas por lo tanto es un importador de primer nivel. Necesita importar alrededor de 6 millones de toneladas.

En tanto el mundo pide a gritos más trigo. Acá siguen vigentes políticas que castigan su producción. ¿De qué hablamos? De cierre de exportaciones y de industrias molineras con subsidios en las compras.

Los precios que cobra el productor están claramente distanciados del mercado de competencia. Pareciera que vivimos en un sistema más próximo al marxista que al capitalista.

Como no existe una referencia basada en el valor FOB, dado que no se pueden realizar ventas al exterior, la industria de la molinería opera sobre otros parámetros. Y así el que paga los platos rotos es el productor.

El precio local está muy por debajo de lo que establecería el mercado a través de la oferta y la demanda. Al menos al cierre de este informe, la molinería pagaba $ 600 por tonelada, para el trigo con descarga inmediata y las ofertas para cerrar negocios con entrega en enero del año 2008 estaban en u$s 190.

Para entender la quita que sufre quien produce hagamos un pequeño ejercicio y veamos cómo es “apretado”.

Si al FOB mínimo oficial que es de u$s 270 se restan los gastos correspondientes a lo que se denomina fobbing se obtiene el valor FAS teórico que resulta en u$s 208. Este valor es aproximadamente un monto de $ 645. Son $45 más que lo que paga la molinería.

Los cálculos predicen una menor disposición a sembrar para el año que viene. Sin duda.

El mundo galopa y nosotros seguimos enredados en la maraña estatal.