No hay vuelta que dar: el stock en el mundo es tan bajo que los mercados tienden a la ebullición. Y para poner más presión aún, el nivel de stock proyectado para el 2007/08 llegaría al mínimo de los veinticinco años últimos.

Si bien el mundo tiende a una mayor producción, el consumo continúa aumentando; por tercer año consecutivo; por ello de 150 millones de toneladas de hace dos años, el stock pasaría a ser de tan sólo 115 millones en la actual campaña.

Y no se trata de cantidad solamente, también existe el problema de calidad, como el que se registra en Canadá y EE.UU.

A todo esto hay que sumarle la estimación cada vez más negativa sobre la producción en el hemisferio sur. En la Argentina la sequía (agravada por agudas heladas) fue muy fuerte y en Australia peor aún.

No es fortuita la cita de la Argentina. Es cierto que su producción es poco relevante sobre el total mundial. Pero también es muy cierto que su proporción sobre el comercio internacional es apreciable pues ronda el 8% del total. Lamentablemente hace más de diez años que la producción local está estacionada en un nivel y las políticas económicas de los últimos años no han hecho más que perpetuar este cuadro de postergación.

La cuestión es que los operadores observan hacia el sur. Chicago está ahora pendiente de la evolución de los trigos del hemisferio por debajo de la línea ecuatorial.

Los llamados fundamentales muestran un cuadro delicado de oferta y demanda y así las correcciones técnicas solo pueden ser momentáneas.

Los precios están sometidos a una interesante presión alcista, dada por la ajustada oferta global esperada para 2007/08, y la gran demanda del cereal estadounidense en el mercado exportador.

Se proyecta una demanda sostenida y, en lo inmediato, no se aguardan sorpresas gratas en cuanto a volumen por cosechar. En la Argentina y en Australia, las escasas de las precipitaciones no permiten albergar una campaña buena.

La fuerza de la demanda sigue siendo el principal motor de las subas que como topadora en medio del feroz monte sigue avanzando.

A mediados de agosto hubo un amague por parte del gobierno en cuanto a incrementar los derechos de exportación. La amenaza tuvo su efecto en lo que hace al precio interno.

Ahora vuelven los comentarios de que vendría algo así en poco tiempo más. Sin embargo, la respuesta a esta amenaza no se está notando; y los precios se mantienen firmes. Hay altibajos por supuesto, pero están sostenidos.

Además hoy la posición comercial de los molinos locales es extremadamente delicada: las existencias con que cuentan a duras penas serían suficientes para unos treinta días de molienda futura.

En tal cuadro no extraña que desde afuera y desde adentro, también, haya una aguda presión compradora que está comenzando a poner a los operadores con los pelos de punta.

El mercado local sigue muy intervenido. La madeja es bastante complicada y así los precios tienen una distorsión que asusta. Los precios FOB mínimos para embarque próximo se encuentran en un nivel de más o menos u$s 258 por tonelada. Si a este valor le quitamos los gastos correspondientes a lo que se suele llamar fobbing, queda un resultado (FAS teórico) de u$s 198. Sin los derechos de exportación el valor pasaría a ser de u$s 250.

Siguiendo este análisis, habría un monto por tonelada de u$s 50 que pasa a manos del Estado. De este monto sólo se devuelve u$s 25 a través del sistema de compensaciones a los productores que venden a la molinería como resultado de la diferencia entre el precio de mercado y el efectivo de venta.

El trigo tiene un cuadro internacional de precios muy interesantes. La cosa está en qué va a pasar acá. Si de predecir se trata, más fácil es hacerlo acerca de quién será el próximo presidente de Bolivia.