El análisis de este notable noruego -afincado en Estados Unidos- sobre la
Argentina es muy interesante. Según su acertada visión, los resultados de las
políticas monetaria y fiscal serán los esperados si están basadas en reglas
predeterminadas y conocidas que no dependan de la discrecionalidad política. De
acuerdo a Kidland, la cuestión institucional se patentiza en la falta de
confianza, en el país y sobre el país, que detiene su desarrollo. Alcanzar la
confianza de los inversores es crucial, y ello se logra de según el grado de
“fortaleza de las instituciones” Ella resulta de las instituciones y es
elemental pues reduce la complejidad del comportamiento humano y brinda
certidumbre.
No tengo dudas sobre el peso que tienen las instituciones en el crecimiento
industrial. Por ello, aplaudo a Kidland con entusiasmo. En un entorno incierto,
las organizaciones no logran bajar los costos de transacción, y de esta forma
surgen procesos de producción del tipo de flujo continuo que empujan a la
integración. Diríamos, entonces, que la tendencia a la concentración puede
explicarse, más que por una cuestión de escala productiva, por la necesidad de
evitar costos de transacción.
Además, las cadenas de valor, como procesos separables, dada la cantidad de
fases tecnológicamente independientes y la cantidad y diversidad de componentes
y partes laterales incorporadas al proceso productivo, con sus múltiples
transacciones, sólo funcionan si se aplican grandes esfuerzos organizativos y de
coordinación técnica y administrativa y sobre una gran cantidad de negociaciones
y contratos.
Resulta válido, entonces, poner sobre el tapete la hipótesis de que los costos
de transacción tenderán a crecer según sea el ambiente institucional dentro del
cual se desenvuelven las empresas.
El ambiente institucional es el conjunto de reglas fundamentales legales,
sociales o políticas que regulan las bases de la producción, el intercambio y la
distribución de los ingresos. La incertidumbre macroeconómica, la inestabilidad
institucional y la incertidumbre acerca de los comportamientos de las personas y
las empresas lo conforman.
La incertidumbre muy acentuada transforma las prácticas cotidianas, las
instituciones contractuales y los mecanismos de formación de expectativas en una
sucesión de contratos de corto plazo. Así se afirma la recontratación continua
–y puntual– en desmedro de las otras formas de contratación, articuladas y
vinculantes. En las cadenas de valor de la industria y la agroindustria, tanto
aguas arriba como abajo, el cortoplacismo se desparrama y, así, disminuye la
competitividad sistémica.
Hoy la amenaza de alta inflación es más que ello, podríamos decir que es una
realidad vigente. Cuando la inflación es notoria, pues una de las instituciones
básicas como es el dinero pierde valor, las transacciones se reducen. Por
ejemplo, en los años de mega-inflación, el número de contratos contingentes
estipulados, es decir de transacciones y de mercados, a pesar de los esfuerzos
de ingeniería contractual realizados, resultó menor que en los períodos de
estabilidad de precios. En suma: cuando la incertidumbre crece más allá de un
cierto límite y se mantiene en el tiempo, gran parte de las contrataciones se
interrumpen y el número de transacciones tiende a reducirse, al mismo tiempo que
determinados mercados desaparecen.
La producción de bienes complejos y diferenciados, a través de procesos
productivos caracterizados por lo que se puede denominar alta densidad
contractual, deviene particularmente difícil en ambientes institucionales
turbulentos. Así, puede decirse que si la incertidumbre se mantiene elevada
durante un período relativamente largo, los sectores industriales que pasan a
tener mayores posibilidades de desarrollo son los caracterizados por procesos
continuos, rígidos y con resultados determinados a priori, que producen bienes
relativamente homogéneos y simples. Clásico ejemplo de ello son los commodities
agrícolas, así como aquellas actividades que mayor grado de integración logran.
En tal caso la cuestión es: ¿resulta la Argentina un país que sólo es eficiente
en commodities agropecuarios? O acaso se trata un país carente de un adecuado
ambiente institucional para el desarrollo de industrias con alto valor agregado,
que tanto pueden originarse por la actividad agropecuaria como por cualquier
otra. Vale la pena, entonces, reflexionar sobre si las políticas económicas de
promoción a la industria manufacturera son la llave del desarrollo o si, más
bien, el ambiente institucional es la puerta a éste. Cuanto mayor sea la
cantidad y calidad de las transacciones, más acentuada será la tendencia al
crecimiento de la economía y a la aparición de PyMes en red.
Por Manuel Alvarado Ledesma - Economista
Fuente: El Cronista