En los recientes embarques hubo, por parte de las autoridades chinas, un fuerte control fitosanitario, ciertamente inusual.
Y si bien los inconvenientes terminaron superados, la realidad es que el
clima de negocios ha quedado enrarecido. Se corre la bolilla de que China
restringiría las compras provenientes de la Argentina como represalia por las
trabas implementadas al arribo al país de sus manufacturas.
De llevarse a la realidad esta represalia, la operación afectaría a un valor de exportaciones por u$s 3.700 millones, procedentes del complejo sojero. Ahora bien… ¿es tan así la cosa?
Dada la importancia de esta presunta amenaza sobre el complejo rural y agroindustrial, vale analizar la cuestión con detenimiento.
A ver si nos ubicamos en la palmera: China es un mercado de alrededor de 1.300 millones de personas, que posee un Producto Bruto Interno de 1.600 billones de dólares. En tanto, el producto argentino sólo alcanza a poco más de 140 billones de dólares y la población no llega siquiera a 40 millones de habitantes. En síntesis: Goliat y David.
Argentina exporta a China apenas u$s 2,7 mil millones. Es casi nada en términos del valor de lo que este país importa, que se aproxima a un valor de u$s 400 mil millones.
Las importaciones totales chinas ascienden a 570 billones de dólares al año. Los primeros proveedores son Japón (18%), Taiwán (11%), Corea del Sur (11%) y EE.UU. (8%). Dentro del total del valor de las importaciones de China, las correspondientes a nuestro país tan sólo representan un 0,70%. Poco más de medio punto, apenas. En términos generales, no somos nada. Pero, cuidado que en términos de soja, somos mucho.
Como este país sabe que la soja es vital para la Argentina, apunta los cañones hacia allí. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que el apriete se dirigiría a la soja. Allí es donde presuntamente nos tendrían agarrados. Pero, decimos presuntamente, pues no hay que dejarse engañar.
Un simple repaso por las exportaciones argentinas de los últimos años lo confirma. Este el presunto talón de Aquiles. En los primeros siete meses del año, las ventas hacia China llegaron a los u$s 2548 millones, de los cuales 1122 millones corresponden a productor primarios, la casi totalidad es del complejo sojero.
Sin embargo, podemos dar vuelta la tortilla y preguntarnos: ¿si no nosotros no les vendemos la soja de dónde la sacarían en lo inmediato? ¿Acaso es tan fácil reemplazar una estructura comercial diseñada a lo largo de muchos años?
La amenaza se asemeja a una bravuconada, como la que puede hacer un elefante a un caballo de carrera. El primero tendrá mucha mas fuerza, pero ¿para qué le sirve si cuando quiera tomarlo con la trompa, el segundo va a estar a kilómetros de distancia?
Los commodities son así. Quienes lo tienen se parecen al caballo de carrera. Pueden colocarlos con relativa facilidad en un mundo necesitado de ellos. Su ubicación no es mayormente problemática.
Pero para quienes deben importarlos, la cosa puede ser muy distinta. Quienes los necesitan, en tanto más grandes sean, peor será su capacidad de negociación dada la complejísima logística involucrada.
El total de nuestras exportaciones al mundo se ubican cerca de 44 billones de dólares/año.
De este monto, el 8% se dirige a China. Está claro: el peso de este país es muy relevante, en términos de divisas. Sin embargo no lo es en términos de productos industrializados y en términos de diversificación.
¿Por qué afirmamos ello? Hacia China sale tan sólo lo más primario de nuestra producción. Del total exportado a China alrededor del 50% está compuesto por grano de soja. El aceite de soja cubre alrededor del 30%. Si señores, la mayor parte de lo que exportamos a China es poroto de soja y, después (bastante después) sus derivados a granel.
Además, este gigante asiático hace lo imposible para que le vendamos más bien poroto en lugar de aceites y subproductos. Su política interna es importar lo más primario posible para industrializarlo allí.
China importará del mundo aproximadamente 20-22 millones de toneladas de soja, este año. En los últimos años, casi un tercio provino de aquí.
Es decir que tiene instalada una estructura de importación donde el camino Argentina-China es más que relevante, algo difícil de dar vuelta en pocos días.
Vale decir que, en lo que respecta al tema sojero, China es importante como comprador para la Argentina, pero, también, nosotros lo somos para este país.
Todo lo que puede patalear China es posible convertirlo a nuestro favor. Se trata de actuar con inteligencia y no asustarnos.
En China cada día se consumen 1,35 millón de toneladas de cereales; 1,6 millón de toneladas de cerdo y 2,4 millones de toneladas de pollo.
Hay 230 millones de niños en edad escolar y de jardín de infantes; que 66 millones de chinos tienen más de 70 años. Se trata de un mercado gigante al que hay que alimentar.
La alimentación de esta enorme cantidad de personas está supeditada a la soja y a la industria cárnica que depende también de ésta.
En tanto secude ello, hay una gran preocupación por la posibilidad de una menor cosecha de soja en EE.UU. Si el primer productor del mundo tiene inconvenientes el mercado debería estar movidito.
Hoy por hoy se habla de un volumen que iría de 71 a 72,50 millones de toneladas. Y quizás éste sea menor si no mejoran las condiciones climáticas.
En tanto en el país, todavía resulta muy prematuro cualquier cálculo. La oferta nacional se estima en aproximadamente 49 millones de toneladas, pero dado que ni siquiera se han largado las siembras, todo esto es por ahora más fantasía que realidad. Algo similar pasa con Brasil, que además problemas de competitividad.
El mercado asiático, pese al reciente comportamiento chino, continúa como el gran impulsor del consumo. Y no hay indicios serios de que ello cambie.
Los precios siguen firmes. Al comenzar la última semana de agosto, el lunes 27, los precios en San Lorenzo, Timbúes, y Ricardone rondaron en $ 680 por la soja con descarga inmediata, mientras que en San Martín la oferta subía a $ 682. La exportación en Ramallo operó sobre un nivel de $ 680 con descarga y a $ 685 sin descarga para Arroyo Seco. Las fábricas de San Martín y San Lorenzo pagaban u$s 218 para la oleaginosa entrega en mayo’08.
El contrato ISR del ROFEX Sep07 estuvo en u$s 216,30; Nov07 a u$s 223,50; May08 a u$s 218,80 y Jul08 u$s 222,70.
Todo tipo de fantasmas habrán de aparecer en el horizonte de ahora en más. Pero está claro que la tendencia en los precios internacionales es a un valor muy firme.
Más que asustarse por noticias alarmantes, hay que repasar los niveles de la oferta y la demanda.
Pese a los vaivenes por venir, el cuadro futuro sigue siendo alentador. Y, en soja, aunque nuestro país sea pequeño, tiene fuerza. Y mucha.