Como sabemos EE.UU. es el gigante sojero del hemisferio norte y el primer productor del mundo.

Todo lo que sucede allí repercute de inmediato en los mercados mundiales.

Desde hace unos cuantos días, el cuadro climático en EE.UU. se ha modificado totalmente. Y así, los cultivos de maíz y soja, con lluvias cuantiosas donde hacían falta, están reaccionando favorablemente.

Con las lluvias pasadas, las reservas de humedad del suelo han mejorado.

El maíz en floración recibe el agua como anillo al dedo. A la soja todavía le queda un buen tiempo de incertidumbre. No sabemos cómo seguirá el tiempo y, por ende, menos sabemos cómo evolucionará la producción en este país.

Lo que ha traído un elemento adicional de variación en los precios es el último reporte del USDA sobre superficie sembrada en EE.UU.Este informe ha sorprendido a la mayoría de los analistas, auque ha confirmado lo que muchos estaban comenzando a sospechar: casi un millón de hectáreas adicionales se habrían volcado al maíz, en lugar de la soja. Otra baja más en la superficie de soja quedaría, así, asegurada.

El reporte reflejó un área muy inferior a lo esperado. En rigor, ésta sería la menor área dedicada a soja desde el año 1995. ¿Qué les parece? En términos criollos: no es moco de pavo.

De esta forma, se espera una baja de 12 a 15 millones de toneladas de soja respecto a la campaña pasada. Es mucho… ¿no?

Por ello, cuando hablamos de incertidumbre, hablamos muy en serio. Cualquier problema climático puede hacer que esta reducción se incremente y, de ser así, los mercados sojeros volarían.

Tenemos entonces por delante unos cuarenta días de fuerte volatilidad. Todo dependerá del clima.

No hay que ser demasiado perspicaz para darse cuenta que, en este contexto, la oferta sudamericana será decisiva. Ella tendrá que balancear los déficits del hemisferio norte.

Y acá sale una perdiz a vuelo raso: es bastante probable que la Argentina tenga una producción menor a la de la campaña anterior. Decimos esto porque difícilmente pueda pensarse en una superficie muy mayor a la sembrada anteriormente. Con un aditamento: es poco probable que se repitan los rendimientos unitarios del excelente año anterior. Entonces, lo lógico es prever una producción similar o menor a la de la reciente campaña.

Por el lado de la Argentina, entonces, no es probable que haya una oferta suficiente como para compensar buena parte de la caída.

Vamos a Brasil y veamos qué puede pasar.

Si bien Brasil, seguramente, incremente su producción, no es fácil pensar en que lo haga de manera sustancial. De hecho, los analistas brasileños estiman un incremento en el área de entre 2% y 5%. Serían entonces alrededor de un millón de hectáreas más.

Conclusión: es muy probable que haya problemas de oferta en el mediano plazo.

¿Todas son noticias alentadoras para la producción argentina? Sí y no. Resulta que ahora tenemos el tan pronosticado problema energético en las narices.

Son 8 horas en las que las plantas las terminales portuarias deben, en principio, frenar para ahorrar energía eléctrica. Son problemas serios sin visos de solución inmediata.

Estos inconvenientes irán repercutiendo en la formación de los precios. Y lo harán en desmedro de los productores. La estructura de costos del complejo sojero se está modificando y para permanecer competitivo debe apretar sobre los valores que recibe el productor.

El costo de la energía golpea al acopio, a las terminales de embarque, las plantas industriales, etcétera. Y también lo hace sobre la industria aceitera que sufre los problemas de gas, de gasoil y electricidad.

El tema es grave y resulta una piedra en el camino, casi una roca, pues éste es un camino para aprovechar dado del cuadro internacional tan favorable.