El periodista Mariano Grondona moderó el panel de cierre, protagonizado además por el polítólogo Rosendo Fraga, el economista Juan Carlos de Pablo y monseñor Jorge Casaretto. Tras dos jornadas intensas de capacitación, reflexión y debate, se manifestaron ideas para que, incluso más allá de los condicionantes gubernamentales, el sector agropecuario sea protagonista de una sociedad mejor para todos.
Buenos Aires - “El campo argentino tuvo que mejorar su eficiencia
casi a la fuerza, al tener limitadas sus posibilidades de presión políticas,
pero esa debilidad se convirtió en fortaleza y hoy nuestro sector agropecuario
está a la vanguardia del mundo”. Con esa idea-marco el Dr. Mariano Grondona
abrió el último panel de Mundo Agro 2007, dedicado a analizar el Riesgo
Político, Económico, y Social, con la participación, además de Grondona, que
actuó como moderador, de los doctores Rosendo Fraga, Juan Carlos de Pablo y
Monseñor Jorge Casaretto.
El objetivo de este módulo de cierre fue que todo lo abordado en el programa
técnico fuese enmarcado dentro del gran contexto nacional. “Caminamos hacia el
Bi Centenario de nuestra Patria. Y, no ajenos a los riesgos políticos,
económicos, y sociales, convocamos a cuatro referentes para que nos ayuden a
iluminar el tránsito hacia el 2010”, plantearon los organizadores.
Por ello, los panelistas trataron de detectar luces y sombras en ese tránsito,
empezando por el propio Grondona, quien advirtió que “lo que no puede controlar
el campo argentino son cuestiones ajenas, sobre las cuales como mucho puede
hacer previsiones”.
Luego dio paso para que De Pablo sintetizara los riesgos externos a lo
agropecuario en lo económico, Fraga en lo político y Casaretto en lo social.
El economista sostuvo que “Argentina vive una vertiginosidad fenomenal y, cuando
todo es tan rápido, no podemos saber lo que va pasar el mes próximo, más vale
conviene acostumbrarse. La idea sería: si decidiste vivir en la Argentina,
entendé como funciona”.
En esa línea, disparó, por ejemplo, que “estamos viviendo una crisis energética
fenomenal a pesar de que el Gobierno y los medios tratan de ocultarlo. Según los
expertos va a llevar años recuperar la normalidad, o sea que tengamos la energía
necesaria disponible”. Luego se mostró escéptico a que cambien los “ciclos de
fuertes subas y potentes bajas, esto de crecer al 9% y después vivir caídas
semejantes. Si todo fue ciclónico, nada asegura que no siga siendo así”. Y
concluyó, que en el marco de lo que se puede y debe hacer, valoró que “el sector
agropecuario, particularmente el cárnico, ha demostrado las agallas que no
parecen tener otros sectores, que consienten de una manera vergonzante”.
Fraga coincidió en que “se vive un proceso de cambio político muy acelerado,
especialmente en los últimos 90 días y enumeró la crisis en Santa Cruz, el
triunfo holgado de Macri y el del ARI en Tierra del Fuego”. Cree que “eso abre
la posibilidad, antes impensada, que el oficialismo pueda perder las elecciones
en segunda vuelta”.
Precisó el presidente de Nueva Mayoría.com que “lo más importante que ha
pasado en los últimos días es que parece haberse superado un principio que movía
todo el espectro político en la Argentina, el que dice que ‘el que tiene la caja
manda’ y vienen acatando gobernadores e intendentes”. Según el analista, “que
haya aumentado un 40 % el gasto público y el Gobierno pierda elecciones le da un
nuevo sentido a la política. El cambio comienza por los sectores medios, que son
los más independientes, porque los pobres están muy condicionados. Y a mayor
pobreza, más clientelismo”.
Fraga avizora que el período 2007-2011 puede tener la impronta de fuertes
cambios políticos y eso puede tener más ventajas que desventajas. Todo dependerá
de cómo puedan los sectores medios articular una fuerza de peso electoral”.
Respecto del papel del sector agropecuario en este contexto, opinó que “una
clave es que la mayoría del 34% de los empleos que son de origen rural en la
Argentina sean conscientes de que su trabajo está signado por una actividad
primaria. Hoy sólo una cuarta parte lo asume en su justa medida”.
Monseñor Casaretto enfocó sus palabras a la cuestión social, y desde ahí lo
primero que destacó es que “cuando Argentina pasó el momento más difícil de su
historia, el campo fue el único que ofreció propuestas. Después le impusieron
retenciones, pero empezó ofreciendo solidaridad”.
El obispo de San Isidro valoró que se le dé lugar a lo religioso, como autoridad
moral para dar respuestas en lo social. Y lo primero que trató es transmitir la
dimensión difundida por la Madre Teresa de Calcuta, de que “los pobres no son un
número. La pobreza es cada uno de los pobres. Decir millones de excluidos no
garantiza entender el drama personal de mucha gente”.
Enfatizó que “debe ser una preocupación de todos y cada uno, un verdadero
desafío, tratar de disminuir la inequidad altísima, que hace que los que estemos
aquí vivamos por los menos 20 veces mejor que muchos compatriotas”. E indicó que
“los caminos son los conocidos, la ecuación, la dignidad del trabajo y una
reformulación de la escala de valores, por ejemplo para que la educación
recupere su mística, con todas las pilas”.
Conclusiones
Fiel a su estilo, al final Grondona reflexionó en términos de conclusiones
sobre todo lo comentado por los especialistas en sus diversas esferas de la
sociedad. De lo expuesto por Juan Carlos de Pablo destacó la idea de “moderar el
péndulo”, entendido como tratar de disminuir el impacto de los sobresaltos,
apostando a objetivos de largo plazo. Respecto a las palabras de Fraga, dijo que
“percibió muy bien que algo está cambiando y marcó que “la caja rosada está
perdiendo poder, junto con su implícita idea cínica de que se pueden comprar los
votos”. Por último, en relación a las reflexiones de Casaretto, subrayó que
“pobre no es aquel al que le falta lo necesario para vivir sino el que se siente
anónimo”.
Y concluyó que “un país tiene éxito o fracasa centralmente por su capacidad de
reducir la pobreza. Todo lo demás es secundario. En ese sentido, no podemos
hacernos los distraídos. Aquí hay reservas y se están movilizando. Así como
aprendimos que no era necesario arar después de habernos pasado la vida
haciéndolo (yo incluso, como productor agropecuario), estamos empezando a
apreciar la tierra y a nosotros, que la trabajamos”.