Los valores de los mercados de futuro en el país ya muestran lo que se espera: una menor producción. Hablamos de una reducción dramática.

Como están las cosas, y frente a un estado intervencionista, el que hasta hace unos meses tenía pensado sembrar trigo, en general, ha cambiado de idea.

Está claro que, en este cuadro de pesimismo, la superficie va a ser muy menor. Tanto menor que todavía resulta difícil calcularla. Los mercados locales lo saben: en un esquema comercial tan incierto, los productores… ¿a dónde van a dirigirse si no es a la soja y/o el maíz?

Así las cosas, las hipótesis de toneladas faltantes para la exportación hacia Brasil, e incluso para abastecer el mercado interno, no son del todo alocadas.

Todavía falta mucho para la recolección de la nueva cosecha y muchos riesgos climáticos que asumir.

Así que… ¿quién se anima a pronosticar el próximo volumen de cosecha? ¿Quién se atreve a predecir la actitud que tendrán las autoridades frente a los precios? ¿Qué pasará si los valores internacionales –como parece que viene la cosa- suben?

El tiempo que viene es ideal para el productor-especulador. ¿Por qué? Pues porque el más conservador tenderá a no sembrar trigo, apuntando a lo seguro. En cambio, en el otro extremo, está el más arriesgado, y es probable que se atreva a poner algunas fichas en el trigo pensando en los precios, por la escasez que probablemente se registre.

Si la demanda supera a la oferta, el gobierno se verá en figurillas. Y de allí puede salir cualquier cosa, incluso algo que pueda favorecer al trigo. En un típico juego de suma cero, las autoridades pueden diseñar algún esquema que traslade ingresos de un lado hacia el trigo.

En tanto, hoy los puertos no registran gran movimiento. La poca actividad hace que el físico esté en la mejor de sus siestas.

No hay nuevas ventas al exterior. Pese a las subas en los precios FOB, los exportadores no están en condiciones de pagar más que los niveles actuales. El valor FOB mínimo oficial mejoró tan sólo u$s 2. Ahora el nivel es de u$s 205, en la posición más cercana, cuando el precio, es decir el “verdadero” pareciera rondar en u$s 216.

Cualquier cálculo más o menos preciso sobre precios internos, a partir de los valores internacionales, debiera dar un precio próximo 490 ó 500 pesos. Estos son valores que nada tienen que ver con lo que recibe un productor.

En tanto el mercado internacional va tomando color. Los motores de Chicago se están calentando. Los mejores precios son fruto de los temores de pérdidas de cosechas de algunos países productores.

Vamos a EE.UU. Allí las heladas han hecho de las suyas. Por ello, Chicago se ha puesto bien firme.

El último informe del USDA revela un deterioro en los trigos de invierno del 9% en la categoría de bueno a excelente. La cuestión tiene su gravedad pues, desde el 64% de la semana previa ha bajado al 55%. Para los duros, también hubo rebajas. Y peor están los blandos que han tenido una estimación más grave aún.

Ya se está pensando en la posibilidad de sembrar otras alternativas.

A los temores sobre los cultivos estadounidenses, se la suma la incertidumbre que genera el clima sobre la producción de otros países productores.
En Ucrania la humedad del suelo es escasa y en Australia la sequía sigue perjudicando la cama de siembra.

Como se aprecia es factible que la cosecha mundial caiga en todo el mundo. La situación es crítica dados los stocks finales que, actualmente, están en los niveles mínimos de las últimas décadas. Y por si fuera poco, hay que decir que la relación stock/consumo es la más baja de la historia.

Además todo indica que Brasil sembraría menos, especialmente por la competencia que sufre de la Argentina. El valor del real frente al dólar que premia las importaciones, la competencia de la harina argentina y el crecimiento del área de maíz tienen en vilo a la siembra del trigo.

En tanto el que está de parabienes es el procesador de trigo. O al menos la está pasando mejor. En medio de tantas prohibiciones, lo que camina es la harina, que sí puede exportarse. Así se vende a Brasil. Y golpea duro a los molinos de este país. Acá hay una bomba de tiempo que puede explotar en las mesas del MERCOSUR. Ocurre que la harina aargentina sale a buen precio porque el trigo -insumo central- tiene un precio político.

Así es nuestro querido país. O más precisamente, así son las autoridades de estos tiempos. Con una oportunidad histórica para hacerse de muchas divisas, la desperdicia pensando en el hoy. Escupe al cielo, que le entrega tanto.

Mientras tanto, no es descartable que frente a un cuadro de baja producción, las autoridades de turno saquen algún conejo de la galera e implementen alguna medida para apoyar la producción. En tal caso, quien esté listo para sembrar trigo, tendrá alguna ventaja. Por eso esta es la hora del productor-especulador.